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Investigaciones
Políticas públicas
y salud
Eduardo Amadeo
Si uno hace una foto de lo que pasa en el sector
salud encuentra, al igual que en el sector social, una mezcla
de filminas que dan imágenes complejas. Por un lado
es cierto que ha venido aumentando de manera sostenida el
gasto público consolidado en el sector socia y, sin
ninguna duda, en el sector salud también. Hay indicadores
que muestran que Argentina no tiene un problema estructural
de infraestructura o de recursos humanos si uno consulta las
estadísticas del Banco Mundial y hace comparaciones
acerca de la cantidad de habitantes por cama, médicos
por habitantes, etc. Hay una estadística muy interesante
que dice que el 70% de la población argentina vive
a menos de 10 cuadras de un centro de salud, los niveles de
cobertura de las carencias o de las necesidades sociales más
elementales, como los niveles de vacunación, los cuidados
prenatales, etc. muestran que desde el punto de vista estructural,
esto es en las cifras en general, Argentina no es un país
que tiene un problema de infraestructura, material o humana,
que implique restricciones estructurales para desarrollar
un sistema, por el contrario.
Sin embargo a medida que uno comienza a hincar el diente en
las cifras lo que uno encuentra son problemas graves ante
todo desde el punto de vista de la equidad territorial y de
la equidad medida por los niveles de ingreso o de acceso de
los distintos niveles de ingreso al sistema de salud y a sus
resultados. Tenemos una relación de 9 médicos
por 1000 habitantes en la Capital Federal, 1 por 1000 habitantes
en Formosa. El 97% de la población argentina tiene
cuidado prenatal, sin embargo cuando uno analiza la calidad
del cuidado prenatal en términos de la frecuencia de
las visitas y la estructura de los programas el 33% de los
pobres tienen un cuidado prenatal inadecuado según
los stándares internacionales, para no medir los indicadores
más conocidos como la mortalidad infantil, la mortalidad
evitable, etc. También hay una fuerte asociación
entre problemas de salud y carencia de infraestructura social
asociados a la pobreza en temas como el acceso al agua, cloacas,
calidad de la vivienda. Acercándome al punto en que
me quiero concentrar, creo que estos son los problemas macro
más importantes, la fuerte asociación que hay
en los problemas que tiene el sistema en términos de
equidad.
Debe señalarse también que los sistemas sociales,
tanto en Argentina como en el mundo, exigen repensar los modos
de prestación y esto se relaciona con la explosión,
no sólo del desempleo sino más precisamente
de la carencia de un empleo estable y bien remunerado. En
todo el mundo hay una preocupación muy grave con respecto
a la carencia de empleo y la estabilidad en el acceso al empleo
con sus naturales consecuencias en términos de demanda
sobre el sistema público, o sea tanto el sistema público
de prestaciones básicas como de previsión social
y el segundo problema es el envejecimiento de la sociedad.
Estos dos temas se suman a los problemas ya existentes para
el acceso de los pobres a las prestaciones, y presionan sobre
la disponibilidad de los recursos desde los diversos territorios
a los distintos beneficios del sistemas de salud-
El problema de salud, como el de todas las inversiones sociales,
es un problema de eficiencia sistémica. Hay una fuerte
interrelación, y esto es casi una obviedad, entre el
resultado final sobre la calidad de vida, el bienestar y la
felicidad de los habitantes de todos los componentes del gasto
social en general. Acabo de mencionar el tema de la relación
entre salud, agua y cloacas, pero también entre salud
y educación, entre salud y vivienda, entre salud y
prestaciones previsionales. Es central poder entender el tema
de eficiencia sistémica, si nos concentramos puramente
en el tema de salud estamos dejando de lado una cuestión
que desde la perspectiva de las políticas públicas
resulta fundamental entender. En Argentina tenemos un muy
complejo sistema de decisiones y mecanismos de financiamiento
que produce una matriz de difícil resolución
técnica y de mucho más compleja resolución
política. Si yo tengo una matriz donde hay vivienda,
infraestructura social, educación, salud, nutrición,
además tengo nación, provincia y municipio como
fuentes de decisión, y les sumo otra dimensión
donde tengo los sistemas de financiamiento de todas estas
área, a la que se le agrega otra dimensión,
la de lo privado y de lo público, entonces tengo un
problema sistémico de extremada complejidad para resolver
y que en mi experiencia es el determinante fundamental de
los problemas de eficiencia y equidad en las prestaciones
sociales en Argentina.
Entonces esta multidimensionalidad de las políticas
sociales es un tema bien complejo.
En este sentido creo que la descentralización fue,
desde algún punto de vista, una decisión revolucionaria,
en el caso de educación pedida desde la profundidad
de los siglos por las provincias, pero además con un
beneficio muy fuerte que es poner las políticas al
beneficio de la gente y esto debería mejorar la eficiencia.
Pero al mismo tiempo generó uno de los problemas que
estamos teniendo ahora: la desaparición o la disminución
de la capacidad del estado federal para actuar como compensador.
Tenemos provincias cada vez más ricas, un Estado cada
vez más pobre y en el conjunto una multidimensionalidad,
como la que mencionaba recién, que hace difícil
corregir los problemas de equidad y eficiencia. A esto se
agrega que el Estado no sólo no puede operar porque
no tiene recursos sino que también tiene problemas
de poder político. Uno de ellos son las dificultades
para inducir o aprovechar las ventajas de las economía
de escala que nace de la regionalización de la salud.
A mi me tocó administrar un programa federal destinado
a los beneficiarios de pensiones no contributivas, que no
era poca plata, 100 millones de pesos por año para
atender a una población 600.000 beneficiarios y era
un programa de cabeza para poder intentar desarrollar sistemas
de regionalización de prestaciones pero realmente fracasamos
absolutamente, teníamos plata pero no teníamos
el poder político, es muy complejo intentar un ordenamiento
en la utilización de recursos. Falta poder para buscar
elementos de consenso que tiendan a la mejor utilización
de los recursos.
Quisiera hacer dos comentarios finales, uno sobre la equidad
y otro sobre el tema del financiamiento a la oferta y financiamiento
a la demanda. Creo que a veces nos falta mirar las cifras
del gasto público y del gasto privado con una frescura
intelectual que no se corresponda con las preocupaciones ideológicas,
intelectuales o las opciones que hemos tomado. Y esto tiene
que ver con la equidad en el gasto, la libertad que tenemos
para mirar el tema de la equidad en el gasto. Les doy dos
ejemplos, con los cuales soy consciente que junto muy pocos
votos. Yo creo, y es una de las cosas que más angustia
cuando uno trabaja con la pobreza, que los pobres no tienen
voz, o sea, salvo que se armen estructuras políticas
muy fuertes, los pobres generalmente tienen mucho menos voz
que aquellos que tienen acceso a los medios de comunicación
en los medios urbanos. Un ejemplo muy claro de esto es la
inversión en la enfermedad de Chagas versus la inversión
en Sida. No hay ningún criterio social ni humano que
autorice a entender por qué se invierten 60 millones
de dólares en programas de Sida y tan poco en Chagas.
Una razón puede ser porque los pobres no tienen voz.
Si nosotros no miramos el presupuesto público y no
tomamos decisiones sacándonos de encima este tipo de
presiones corporativas, no hablemos entonces de la necesidad
de nuestro compromiso con los pobres. Lo mismo pasa con el
tema de la asignación de recursos entre la educación
primaria y la universidad.
Pongo estos ejemplo pensando en cuestión de eficiencia
y de equidad porque creo que tenemos que repensar el gasto
público con este tipo de visión.
Un tema sobre el cual tenemos que tener la cabeza fresca es
el del financiamiento a través de la oferta o de la
demanda. Este tema se ha abierto en educación que es
un área que tiene muchas ventajas en términos
de globalidad y nacionalización de las ideas. Distinto
es el tema en salud porque en salud hay mucho más capacidad
de los beneficiarios de poder elegir, se ha avanzado mucho
en la libertad de elección, aunque hay ciertas restricciones
estructurales, los pobres por definición tienen menos
capacidad de elección porque tienen menos herramientas
para organizarse, para expresarse y para saber y en la medida
en que haya más horizontalidad en el conocimiento habrá
más capacidad de elegir. En el tema de la educación
el caso es clarísimo, mientras siga funcionando un
sistema definido por comportamientos y compartimentos corporativos
la víctima es el alumno, entonces mientras la discusión
se plantee en término de la corporación de los
docentes, la corporación de los gobernadores que reciben
el dinero y no lo quieren repartir y los padres de los alumnos
que no puedan establecer su demanda, el sistema seguirá
teniendo las ineficiencias que tiene. No lo tengo claro en
el tema de salud pero en esta discusión de lo público
y lo privado hay que romper el pensamiento desde la ideología
e intentar entender el tema en términos de eficiencia
y equidad.
El último punto que quiero destacar es que en Argentina
existe un fabulosa subutilización de la energía
social. Esto es de la posibilidad de interactuar con la gente,
con las organizaciones de la comunidad, con la participación
comunitaria, con la importancia que tiene el componente educativo
en las políticas preventivas, desde el reconocimiento,
el respeto y el cuidado del propio cuerpo, desde la relación
con los padres, etc. Creo que todavía tenemos mucho
camino para trabajar en términos de la utilización
de la energía social como un instrumento de prevención
y de mejora en este marco de eficiencia sistémica del
cual yo hablaba antes. Es necesario discutir formalmente qué
experiencias hay en términos de utilización
de la energía social y cómo la gente organizada
puede ser un instrumento tan efectivo de las políticas
públicas, por muchas razones, una de ellas es porque
cuando uno abre el juego y arma sistemas de participación
la gente se hace oir. Esto rompe el tabicamiento entre el
decisor y el receptor porque en el medio hay organización.
Podría contar algunas experiencias notables de cómo
mejora localizadamente la situación en términos
de prevención y de mejor calidad de vida de los habitantes
de determinados lugares cuando uno organiza la energía
social. Un ejemplo es el de cuidadores domiciliarios que llevaba
a que los ancianos trabajaran con ellos o dentro de las comunidades
entre ancianos o de las organizaciones de la comunidad cuidando
a los ancianos y esto produce una mejoría de la calidad
de vida realmente notable. Al tema de la dicotomía
privado público pongámosle el tema social porque
esto tiene mucha miga para mejorar la eficiencia en la asignación
de recursos.
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