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Investigaciones
Desfinanciamiento en los programas
sociales aumentan las carencias alimentarias
Eduardo Amadeo - Leonardo Di Pietro
Por razones varias, que van desde los
problemas fiscales hasta la incompetencia administrativa y
política para poner en marcha programas nuevos o administrar
antiguos, se están desatendiendo las necesidades alimentarias
básicas de la población de menores recursos,
generando un creciente malestar social.
Un relevamiento por los gobiernos provinciales da cuenta que
durante este año se han dejado de entregar 3.375.000
cajas de comida, lo que equivale a una reducción del
70% en la provisión alimentaria respecto al año
pasado. Esto afecta a 450.000 personas que viven en condiciones
de pobreza extrema y que, hasta
diciembre de 1999 recibían, a través de los
programas PRANI (para niños pobres de 3 a 5 años)
y ASOMA (para ancianos sin cobertura social), cajas de comida
en 10 entregas anuales, enviadas por la Secretaría
de Desarrollo Social. El valor calórico promedio de
cada caja alimentaria era de unas 40.000 calorías.
A la fecha el Ministerio de Desarrollo
Social sólo hizo un cuarto de los envíos que
deberían haberse realizado a esta altura del año
O sea unos 18.000 millones de calorías
por entrega. A la fecha sólo se ha distribuido un promedio
de 2 entregas y media en el conjunto de las provincias, cuando
para esta misma fecha en los años anteriores ya se
habían entregado casi 9 cajas.
La gestión encabezada por la Ministra Fernández
Meijide decidió modificar el mecanismo de envío
de ayudas alimentarias, por considerarlo ineficiente y con
acusaciones de clientelismo.
Luego de varias alternativas informadas a través de
los medios de comunicación -dinero en efectivo, un
bono alimentario, etc.- se optó por "programas
integrales", a través de los cuales se daría
a más de 400.000 familias extremamente carenciadas,
una prestación compuesta por alimentos, dinero en efectivo
y capacitación, a cambio de asegurar que enviarían
a sus hijos a la escuela y harían controles sanitarios
periódicos.
Por diversos motivos, entre los que se destacan las discusiones
internas acerca del mecanismo a utilizar, problemas en las
negociaciones con las provincias y dificultades administrativas
internas, a la fecha el Ministerio de Desarrollo Social sólo
hizo un cuarto de los envíos que deberían haberse
realizado a esta altura del año. Esta falta de alimentos
afecta directamente a la población mas pobre del país,
a la que se dirigían los Programas PRANI y ASOMA; y
significa un total de 40.500 toneladas de comida y 99.000
millones de calorías quitadas de la dieta de esas poblaciones
durante el año 2000.
La suma de estas carencias alimentarias
explica una parte sustancial de los estallidos sociales que
se registran en todo el país
Durante el período 1995 al 99,
específicamente el programa PRANI, ahora discontinuado,
distribuyó el equivalente anual de 42.120.572 raciones
de comida por año para niños pobres de 3 a 5
años; y equipó 1362 comedores y centros de cuidado
infantil.
El programa ASOMA, también discontinuado, atendía
mensualmente a un promedio de 150.000 ancianos pobres, mayores
de 60 años sin cobertura social, brindándoles
cajas de comida y medicamentos. Asimismo, brindaba servicios
de cuidadores domiciliarios y vestimenta y abrigo para ancianos
en zonas frías.
El actual Ministerio de Desarrollo Social tampoco pudo implementar
completamente, siempre a nivel de experiencia piloto, los
programas integrales prometidos. Hasta la fecha y luego de
meses de gestión, sólo pudo lanzarse uno en
Rancul, Provincia de La Pampa, al que todavía falta
incorporar el componente de ayuda económica y capacitación.
Pero en provincias de enormes necesidades sociales, los planes
integrales representan un porcentaje ínfimo de la población;
como es el caso de Misiones (300 familias) y Jujuy (700 familias).
A este panorama hay que agregar la reducción del exitoso
programa Pro Huerta, que ha sufrido un descenso en el número
de huertas, la desmovilización de promotores voluntarios
y la entrega de sólo 2/3 de las semillas previstas.
Por estas razones, el número de beneficiarios de este
programa, descenderá este año, de 2,6 millones
de personas a 2,1 millones. Es decir, que 500.000 personas
verán reducida su dieta por la imposibilidad de desarrollar
huertas comunitarias o personales.
La suma de estas carencias alimentarias explica una parte
sustancial de los estallidos sociales que se registran en
todo el país, ya que a los problemas generados por
la falta de trabajo, se agrega la drástica disminución
en las prestaciones alimentarias a cargo del Estado, que sirven
para mitigar parcialmente los efectos de la crisis.
Otros problemas del Ministerio también han determinado
la pérdida de programas importantes, como se puede
verificar en el proyecto de presupuesto nacional, entre ellos
los que cuentan con financiamiento internacional. Así,
una donación y créditos blandos de 27.000.000
de dólares del BID para menores en riesgo
(programa PROAME) quedará suspendida en su ejecución
para el año próximo, por no haberse previsto
la contrapartida. Situación similar atraviesa el Fondo
Participativo y Social (FOPAR) que desarrolla pequeños
proyectos de infraestructura y producción en las poblaciones
mas pobres del interior del país.
La contención de los que menos
tienen, es un deber ineludible de las áreas sociales.
Igualmente dramático es el caso
del organismo denominado FONCAP (Fondo de Capital Social),
cuyo objetivo es brindar fondos para microcréditos.
A raíz de los problemas políticos generados
en el Directorio entre los miembros nombrados por el Gobierno,
el FONCAP mantiene un capital inmovilizado de 42 millones
de pesos, de los cuales ha podido prestar un porcentaje mínimo.
Por esta razón se han perdido gran cantidad de oportunidades
para financiar solicitudes de microcréditos provenientes
de las zonas mas pobres del país.
Finalmente, la Administración de la Ministra Meijide
ha decidido eliminar la mayoría de los programas de
organización social y apoyo a la sociedad civil por
una decisión política, según la cual
estos temas no resultan prioritarios en la actual coyuntura.
Estos problemas administrativos, técnicos y políticos
aumentan la gravedad de la crisis social que está viviendo
nuestra sociedad. La contención de los que menos tienen
es un deber ineludible de las áreas sociales. Nunca
se puede dejar de escuchar a la gente, de estar junto a ellos,
de apoyarlos, de atenderlos. La gerencia social es algo más
que presentaciones en el Salón Blanco, conferencias
de prensa y xperiencias piloto en algún lugar del país.
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