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Investigaciones
Aprendiendo de los fracasos
Eduardo Amadeo - Leonardo Di Pietro
A un año de su asunción
en el Ministerio de Desarrollo Social, un grupo de intelectuales
con antigua tarea académica en el campo de las políticas
sociales -encabezado por el Sr. Eduardo Bustelo- acaban de
renunciar, dejando tras de sí una experiencia fracasada
sobre la cual conviene reflexionar, al menos como un ejercicio
tendiente a evitar en el futuro la repetición de errores.
El diagnóstico
Durante muchos años estas personas
se dedicaron a desarrollar trabajos críticos sobre
el impacto social de la política económica y
sobre la administración de los recursos sociales.
En particular Eduardo Bustelo trabajó sobre la desaparición
del estado de bienestar. Sus ideas se expresaron en innumerables
artículos y conferencias y -suponemos- influenciaron
la larga plataforma social de la Alianza.
En particular, Eduardo Bustelo trabajó sobre la desaparición
del estado de bienestar (recordemos la ingeniosa frase sobre
el "estado de malestar"), y fue un crítico
mplacable de todas las políticas sociales de los últimos
20 años.
Al llegar al Gobierno, entonces, estas personas ignoraron
las evaluaciones existentes sobre cobertura y focalización
de los programas sociales que proveyeron en estos años
todos los estudios serios (BIRF, Ministerio de Economía),
así como la
información disponible en la misma Secretaría
de Desarrollo Social a través de la Encuesta de Desarrollo
Social acerca de la estructura e impacto de las acciones;
basando en cambio sus decisiones en autocomplacientes argumentos
mediáticos ,
que les resultaron demoledores a la hora de tomar decisiones,
como veremos más adelante. Esta definición previa,
de mala focalización, clientelismo y corrupción,
debía necesariamente conducir a una redefinición
total de los programas sociales, que
fue finalmente una destrucción de lo existente.
Otra parte central del diagnóstico de este grupo hacia
las administraciones previas, incorporaba un argumento claramente
voluntarista: no existen restricciones fiscales ni operativas
para una política de mayor equidad en la medida en
que existan voluntad y compromiso con la causa de la justicia
social para definir un rumbo alternativo para las variables
sociales fundamentales. No haberlo hecho en el pasado, dicen,
revela básicamente insensibilidad hacia la causa de
la justicia social.
En varias de las exposiciones públicas de E. Bustelo
surge la impresión que desde un área social
con suficiente poder político es posible definir desde
el discurso una política diferente que modifique las
pautas de asignación de recursos, distribución
del ingreso y estructura institucional. Sin embargo, no se
explicitan las alianzas sociales ni las transformaciones institucionales
necesarias para hacer operativas sus propuestas.
La esencia del análisis es la
crítica.
La idea de que no existen restricciones
si se cuenta con la dosis de utopía necesaria, también
está presente en la multiplicidad de propósitos
fijados en la plataforma de la Alianza. Un ejemplo de esta
perspectiva voluntarista se da cuando observamos que en ninguna
de las propuestas previas formuladas por la Alianza, se toman
en cuenta la necesidad (y dificultad) de modificar la compleja
trama institucional del sistema federal, incluyendo el régimen
de coparticipación, que actúa como una restricción
objetiva para la eficiencia de la política social.
El supuesto de inexistencia de restricciones macroeconómicas,
se expresó al momento de comenzar a concretar las propuestas
cuando se propuso la instalación de un programa integral
de ciudadanía que "solo cuesta el 1% del PBI,
(3000 millones de
pesos) y lograrlo solo depende de una decisión: recaudar
los recursos" (Aldo Isuani); o el discurso de la Ministra
Fernández Meijide acerca de la factibilidad de encontrar
en "una reasignación de partidas del presupuesto
nacional "los recursos necesarios para llevar a cabo
las múltiples promesas.
La idea de que no existen restricciones, si se cuenta con
la dosis de utopía necesaria, también está
presente en la multiplicidad de propósitos fijados
en la plataforma de la Alianza -luego asumidos por el equipo
que nos ocupa-, que cubrían virtualmente todos los
objetivos sociales posibles; y que serían cubiertos
por medio de un mega programa de fuerte impacto mediático
capaz de cubrir todos los objetivos que hasta este
momento intentaban cubrir varios programas parciales.También,
resulta interesante observar como en ninguno de los trabajos
académicos previos generados por estas personas , ni
en su discurso posterior desde el Gobierno, se pone énfasis
en uno de los problemas centrales de la inequidad en la Argentina,
cual es el de las diferencias territoriales y el rol compensador
que cabe al Estado federal. Esta carencia se expresaría
posteriormente en la citada propuesta de un programa único
que no consideró en su diseño el gravísimo
problema de la desigualdad de recursos y capacidades a nivel
territorial. La decisión de lugares y cobertura de
los proyectos piloto refleja el desorden conceptual con el
que se manejó un aspecto tan
crítico del problema y su solución.
Finalmente, en algunos de los diagnósticos previos
, estos intelectuales criticaron duramente la perspectiva
de integración entre el Estado y la sociedad civil,
basándose en dos argumentos:
a) que las políticas de contención y organización
de la sociedad civil solo sirven
para frenar las contradicciones del sistema y por lo tanto,
para ocultar la capacidad de cambio que pueden generar los
conflictos;
b) que el trabajo con la sociedad civil oculta el abandono
por parte del Estado de sus
funciones básicas. En otras palabras , que el Estado
puede solo. En un reportaje en
la revista "Nueva Tierra" de Octubre de 1999, E.
Bustelo afirmaba que "la transformación no viene
de la sociedad civil, sino de los partidos políticos".
Con esta perspectiva, se perdió un elemento central
en la ejecución de las políticas sociales generando
un proceso inédito de aislamiento político,
mientras que se debilitaba también la institucionalidad
pública, elemento central de la concepción y
ejecución de lo social.
La organización
Una de las primeras medidas tomadas por
la nueva administración, fue desplazar a la totalidad
de los Directores de la ex SDS -con sus cargos logrados por
concurso-, quienes fueron sustituidos por personas sin experiencia
administrativa, provenientes en su mayoría de los ámbitos
académico y político. Esta decisión,
tuvo múltiples efectos negativos (entre los que se
destaca la ruptura de las rutinas de planeamiento y monitoreo
y la pérdida de la memoria institucional), y produjo
un enorme atraso en el proceso de adquisiciones y envío
de recursos a las provincias.
Por razones políticas, se decidió también
romper el mecanismo de interacción con los Ministerios
de Asuntos Sociales de las Provincias, reemplazándolo
por un sistema discrecional de negociaciones con los Municipios
aliados y algunas organizaciones comunitarias. Lo que hasta
ese momento era un sistema estructurado de relaciones, basado
en elementos objetivos( a partir de los datos de pobreza y
NBI) se convirtió en
un modelo basado en razones de política partidaria.
El criterio fundamental de asignación tal como
lo demuestra el saldo de los envíos de recursos alimentarios-,
pasó entonces a ser la adhesión de las Provincias
a un esquema de control que exigía
el nombramiento de delegados del poder central en cada una
de ellas, bajo la excusa de asegurar la coherencia de las
acciones.
De esta manera, además, se rompió la posibilidad
de sinergia y coordinación en las políticas
sociales demostrada por la forzada inacción del Consejo
Federal de Desarrollo Social.
El despido de los profesionales de Siempro y su sustitución
por personas sin experiencia , comprometió seriamente
la capacidad de análisis y toma de decisiones del Ministerio.
Siguiendo la lógica de funcionamiento de la Alianza,
en todas las estructuras del Ministerio se instalaron sistemas
de decisión duales; con mecanismos cruzados de control
político. Algunos casos dramáticos fueron el
Foncap, en el que el conflicto entre Presidente y VicePresidente
hizo perder un año de funcionamiento; o el Pro-Huerta,
en el que cada decisión debía ser acordada al
menos por dos personas.
Finalmente, cabe mencionar que no solo no se registra iniciativa
alguna de parte del Ministerio en términos de coordinación
de políticas sociales con otras áreas del Estado
nacional , sino que además, se perdieron interesantes
ejemplos de coordinación
existentes como el caso de la relación con el Plan
Social Educativo.
El resultado es dramático para la institucionalidad
de las políticas sociales; variable fundamental , tanto
en términos operativos cuanto de influencia sectorial
sobre las decisiones más generales del Gobierno.
Los Resultados
Programas alimentarios:
- La propuesta central, basada en los programas "Unidos"
y "Solidarios", proponía remplazar las actividades
existentes (Prani y Asoma) por un programa focalizado en la
indigencia; que dejaría sin apoyo del Estado a amplios
sectores de pobreza a cambio de ampliar las prestaciones a
un universo limitado.
Las propuestas originales de cobertura ampliada sustituyendo
a los programas existentes- resultaban inviables ab-initio
por obvias razones presupuestarias.
- De los ambiciosos "programas integrales", solo
pudo instalarse uno de la localidad de Rancul, La Pampa. Los
demás, resultaron absolutamente insuficientes para
las
situaciones de pobreza de algunas provincias (300 beneficiarios
en Misiones, La Rioja y Jujuy).
- El envío de recursos de los programas Prani y Asoma
quedó totalmente subejecutado (1,5 millones de cajas
contra un teórico de 4,5 millones en el año).
- Ante la imposibilidad de ejecutar los nuevos programas,
se decidió- sobre el final del año retomar el
Prani, cambiando las etiquetas de las cajas.
- El programa ProHuerta dejó fuera de sus beneficios
a 500.000
personas sobre un total de 2 millones.
Apoyo al empleo
- Desapareció el programa de "Desarrollo Local"
que había generado enorme cantidad de emprendimientos
laborales en pequeños municipios.
- Foncap solo pudo colocar 200.000 pesos, sobre un capital
prestable de 42 millones.
Otros programas
o Desaparecieron los servicios adicionales al programa Asoma,
como medicamentos, vestimenta en zonas frías y turismo
social para mayores sin recursos.
Quedaron subejecutados o desfinanciados prácticamente
todos los proyectos con financiamiento internacional,como
FOPAR , Grupos Vulnerables y Programa de Apoyo a Niños
en riesgo social (Proame).
- El Ministerio perdió el manejo de los programas de
Vivienda Social , a favor del Ministerio de Infraestructura,
con lo cual desapareció la posibilidad de sinergia
con el resto de las actividades del Ministerio, en especial
el área de relación con la sociedad civil.
Relación con la sociedad civil
- Quedaron destruídas las relaciones
con las organizaciones de la sociedad civil, a partir del
cambio de prioridades en los mecanismos de ejecución
y el desfinanciamiento de los programas de capacitación.
Cabe mencionar también que durante el primer período
de la nueva administración, se destruyó una
gran cantidad de materiales de capacitación existentes,
con una actitud maccarthista
- Como consecuencia de la ruptura de las redes de contención
social, el Ministerio tiene graves dificultades para desenvolver
su acción en el territorio, habiéndose registrado
episodios inéditos de rechazo a sus autoridades.
- Todas estas variables se reflejaron en un descrédito
para la acción del Ministerio y sus actividades que
no reconoce antecedentes.
Conclusiones
- Se discontinuaron acciones de larga
data, afectando grupos carecientes.
- Se ignoró la importancia de los procedimientos administrativos,
generándose subejecución de programas.
- Se tomaron decisiones basadas en supuestos no probados.|
- Se expulsaron funcionarios capacitados y fueron sustituidos
por cuadros inexpertos y/o politizados.
- Se produjo discriminación por razones políticas,
deteriorando la relación con las Provincias.
- No se consideró la necesidad de coordinación
interna y la sinergia con otras áreas del Estado
- Se desestimaron los programas de ejecución contínua
a favor de proyectos megalómanos de difícil
implementación.
- Por todas estas ineficiencias y fracasos, se debilitó
sensiblemente la autoridad social, perdiéndose la capacidad
de influenciar sobre las decisiones de política general.
Todo ello produjo el fracaso de este grupo de intelectuales
cuando tuvieron que asumir la responsabilidad de administrar
los programas sociales que tanto habían criticado.
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