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Investigaciones
¿Dónde va la gente
cuando llueve?
Eduardo Amadeo
En los últimos años se ha
puesto de moda el concepto de capital social entendido como
una virtud de las sociedades e individuos participación,
confianza, normas compartidas, identidad- que hace que se
logre no solo un ambiente de mejores relaciones humanas, sino
también mas crecimiento, como lo prueba -entre otros-
el caso del norte de Italia.
En otras palabras, la idea de capital social se refiere a
una manera de desarrollar las relaciones humanas que privilegia
el "nosotros" frente al "yo" ; y que en
la medida que va mostrando las ventajas de una visión
compartida de los problemas y sus soluciones, crece y se acumula
. El proceso positivo por el cual esta virtud mejora la calidad
de vida de individuos y sociedades, pasa por el desarrollo
de las instituciones. Una comunidad donde la gente se interesa
por la escuela , tendrá sin duda mejor educación.
Una democracia en la que las personas participen activamente
, discutan, generen nuevas agendas de temas a resolver y cuestionen
las soluciones, será de mejor calidad que aquella en
la que las personas sean recipientes pasivos de las decisiones
del poder. Transacciones comerciales basadas en la confianza
serán mas eficientes y baratas.
Pero el valor de contar con espacios participativos, multiplica
su importancia cuando consideramos las patologías sociales
actuales que, generadas por la incertidumbre laboral , alteran
los roles familiares y erosionan la autoestima. La desaparición
del futuro como un espacio de optimismo y de desarrollo de
un proyecto de vida positivo, y el debilitamiento de las instituciones
tradicionales de contención- como el sindicato y aún
el mismo Estado -hace que las personas multipliquen su necesidad
de sostén psicológico y material. Desarrollar
capital social será entonces, además de una
condición para el crecimiento , una necesidad solidaria.
Los individuos construyen espontáneamente solidaridad
en su ámbito local, uniendo sus posibilidades para
lograr pequeños objetivos de bienestar - como cuidar
a los niños de madres que trabajan o lograr luz y agua
para el barrio- , apoyándose mutuamente ante un problema
común - como los familiares de adictos- o para haciendo
oír su voz en el reclamo de derechos conculcados.
¿Corresponde al Estado ocuparse de estos problemas?.
Creo que la respuesta es obvia. Además del aspecto
ético que nace del mejor funcionamiento de una democracia
participativa, hay temas sociales propios del Estado, que
no tienen una buena solución si no se utiliza la energía
social de las comunidades. La droga es un caso paradigmático,
porque la buena prevención solo se logra con el compromiso
comunitario.
La intervención del Estado, no exige mayores gastos.
La alimentación, el agua en el barrio, el cuidado de
los ancianos, el problema de la violencia o las iniciativas
laborales, pueden ser tratadas "desde arriba" o
construyendo la solución como parte de un proceso que
se enriquezca con los saberes populares , mejorando así
la autoestima de la gente, como lo prueban valiosísimas
experiencias que aún hoy subsisten a pesar de los recortes
presupuestarios.
Es, básicamente una actitud de los funcionarios, que
se traduce en modos de organizar las inversiones sociales,
considerando a las personas no como beneficiarios pasivos
sino como actores cuyo desarrollo es parte del resultado que
se busca. Exige, eso sí, "poner el cuerpo",
acercarse a quienes necesitan de apoyo para participar y organizarse.
No puede sustituirse por operaciones mediáticas ni
por concentrar las relaciones en las instituciones con mas
visibilidad. Las formas organizativas que se dan las comunidades
populares son variadas y muchas veces espontáneas,
pero permiten una riquísima gama de trabajos conjuntos,
en los que se puede demostrar la verdadera vocación
democrática y participativa de los Gobernantes.
Cuando se recorre el país, se ve claramente cuanta
necesidad hay de señales que eviten mayor deterioro
social; pero también cuantas posibilidades hay de aprovechar
la energía social existente y modificar rumbos que
pueden llevar a la gente a la violencia o al aislamiento.
Desarrollar capital social no es un sustituto para la obligación
principal del Estado, que pasa por generar empleo y mejorar
la distribución de los recursos y las oportunidades.
Pero es un componente central de mejor calidad de vida para
muchos que están cerca de perder la esperanza.
Lamentablemente, toda la evidencia disponible demuestra que
esta visión de la manera como deben realizarse las
inversiones sociales , ha sido dejada de lado. No solo han
desaparecido áreas y programas del Gobierno Nacional
específicamente dedicados a este tema ,sino que tampoco
se ejecuta participativamente lo que ya existía.
Siempre se está a tiempo de acercarse a la gente ,
para que se sienta acompañada frente a las inclemencias
sociales que está sufriendo y evitar agregar otra razón
mas al desaliento . Se necesita la decisión.
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