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| Revista nº 16 - septiembre
2007 |
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El uso de las ODM en la planificación
racional de políticas
por Daniel Kostzer
1. Introducción
La planificación fue
una herramienta considerada imprescindible durante tres o
cuatro décadas del siglo XX. La misma acompañó
el diseño y evaluación de las políticas
tendientes a promover el desarrollo económico y humano
hasta el quiebre paradigmático que se generó
en el contexto de los programas de ajuste estructural que
se implementaron primariamente en los países de elevado
endeudamiento en particular, pero también en otros,
que sin afrontar problemas de estrangulamiento externo, decidieron
encarar políticas, planes y programas denominados “pro-mercado”.
La percepción que la intervención estatal generaba
distorsiones en las economías, dificultando la más
eficiente y efectiva asignación de recursos, hizo que
este tipo de instrumentos fuesen dejados de lado, desmantelándose
las oficinas responsables de la definición de líneas
estratégicas, así como de la evaluación
del impacto de las intervenciones públicas ensayadas.
Los resultados, que en algunos aspectos vinculados al crecimiento
global del PBI, a la productividad puntual, o a la inducción
a la inversión extranjera fueron satisfactorios, dejaron
de lado facetas tales como el combate a la pobreza, mejora
de los indicadores de vida o la equidad. Quedó en evidencia
que el simple juego de la oferta y la demanda no garantiza
–y a veces dificulta- un desarrollo más equitativo
de las sociedades, así como entre países.
Esto también indujo, muchas veces de manera errada,
a la implementación de intervenciones públicas
denominadas focalizadas que difícilmente accionaban
sobre las causas de los problemas sociales, sino que se concentraban,
con errados criterios de eficiencia y efectividad, sobre los
signos emergentes de una problemática más amplia,
sin alcanzar los objetivos, o generando recidivas en gran
parte de los casos.
El compromiso asumido por la comunidad internacional, y plasmado
en los Objetivos de Desarrollo del Milenio, implica el reconocimiento
de ciertas limitaciones del enfoque de “rebalse y goteo”
que estuvo en boga durante los años 90s, fijando metas
claras en relación a las diferentes dimensiones del
desarrollo humano que se consideran prioritarias en una agenda
global.
Los ODM no son una mera expresión de deseos generales.
Constituyen un conjunto de dimensiones sectoriales que se
articulan en el concepto global del Desarrollo Humano en su
sentido más comprensivo e integrador. Toman las dimensiones
vinculadas a la satisfacción de necesidades materiales,
de la salud, educación, equidad, orden internacional
y en el caso de nuestro país –que se va incorporando
en otros- la dimensión del trabajo decente, como otro
concepto que define la fuente de ingresos para la satisfacción
de las necesidades materiales y los derechos laborales.
Pero los ODM deben ser internalizados por la gestión
política, considerados como un proceso continuo e integral
de la evolución de las intervenciones públicas,
y superar la mera expresión de deseos, convirtiéndose
en una función objetivo de las políticas.
En este sentido, los ODM, sus metas e indicadores pueden considerarse
una extraordinaria herramienta de planificación, evaluación
y monitoreo de las políticas orientadas a alcanzar
ciertos niveles de desarrollo humano, trascendiendo el mero
crecimiento económico, o inclusive, generando un crecimiento
que reduzca la pobreza, justamente por contener razonables
niveles de equidad.
Para ello se puede apelar y utilizar un esquema ideado para
la planificación por Jan Timbregen en la época
en que no se pensaba que se podía gestionar políticas
sin esta herramienta.
En estas páginas analizaremos brevemente un esquema
para la utilización de los ODM y sus indicadores como
una herramienta para la planificación de intervenciones
sociales y el modo en el cual se está avanzando hacia
la localización de los mismos en el país, adecuándolos
a las necesidades locales, así como evaluando el impacto
que tienen las actuales políticas sociales en los mismos.
2. El diseño de la política
económica racional o “Paradigma de Tinbergen”
Jan Tinbergen , primer premio Nobel de Economía en
1969, y uno de los pioneros en vincular herramientas matemáticas
y estadísticas a la economía, en particular
a la planificación de políticas, planteó
una serie de pasos, que posteriormente se denominó
el Paradigma de Tinbergen, definiendo los componentes básicos
de una política económica “racional”.
Esto dio lugar luego a las más sofisticadas teorías
de la planificación.
De manera esquemática los cursos de acción se
pueden expresar en el siguiente punteo:
i. Metas de políticas expresadas cualitativamente
ii. Expresión cuantitativa de los objetivos
iii. Función objetivo definida para las metas y nivel
de efectividad en el alcance de las mismas
iv. Set de instrumentos disponibles para la gestión
de políticas
v. Modelo teórico de los encadenamientos y contradicciones
entre instrumentos y metas
El primer paso es la definición de las metas de políticas
en términos cualitativos, esto es, los objetivos de
la intervención pública en sus rasgos más
conceptuales.
Luego los mismos deben ser expresados en términos cuantitativos,
para evitar intervenciones difusas o sin definiciones claras
y permitiendo que los objetivos puedan ser posteriormente
medidos en términos de efectividad y eficiencia.
Ello implica el paso de la definición de una función
objetivo en términos de la política, dada para
las metas y el nivel de efectividad deseable o mínimo
admisible para las mismas.
Posteriormente, se deben identificar los instrumentos de políticas
que están a disposición de los responsables
de la gestión, ya que de allí se definirá
la necesidad de utilizar algunos instrumentos existentes o
la necesidad de la creación de nuevos.
Todo esto requiere un marco de un modelo teórico conceptual
que:
a) Defina los impactos de los instrumentos en las metas
b) Vincule las diferentes metas entre si, y
c) Vincule y evalúe los impactos contradictorios que
puede haber entre los instrumentos, para evitar efectos perversos
de la intervención.
El modelo teórico o marco conceptual proviene de la
cosmovisión teórica o del paradigma que se tiene.
3. La localización de los ODM y la planificación
racional de políticas.
El esquema de la planificación racional de políticas
de la sección previa amerita ser focalizado a nivel
local, especialmente en países como el nuestro, donde
las inequidades regionales son tan grandes, y que a partir
de la transferencia de servicios como salud y educación
a las jurisdicciones provinciales y municipales, marcó
un escenario de polarización y heterogeneidad adicional
en los indicadores sociales en general.
Sin embargo, para que los ODM sean un reflejo de las necesidades
de la sociedad, al mismo tiempo que son apropiados por los
diferentes actores, y con el objetivo de dotar de legitimidad
política y social a las intervenciones, se deben seguir
algunos pasos que trascienden el marco de lo meramente formal,
y que se enumeran tentativamente a continuación:
1. Diseño y fortalecimiento de ámbitos de diálogo:
• Promoción del diálogo social y la articulación
entre el estado y la sociedad civil para alertar sobre la
relevancia de los ODM como función objetivo de las
intervenciones sociales (definición de las metas cuantitativas
de las políticas).
2. Fortalecimiento de las capacidades
de diagnóstico y recolección de la información:
• Análisis de fuentes de información primarias
y secundarias en el nivel local para realizar diagnósticos
y definición de líneas de base.
• Desarrollo de nuevas fuentes informativas a los efectos
de desarrollar una línea de base.
3. Diseño y desarrollo
de ámbitos participativos para el establecimiento de
las metas locales:
• Definición de ámbitos de discusión
y definición de metas cuantitativas acordadas con los
sectores involucrados.
• Análisis preliminar de diagnósticos
realizados.
4. Fortalecimiento de las áreas
de planificación del estado:
• Diseño y fortalecimiento de ámbitos
capacitados para realizar relevamientos de los instrumentos
de políticas orientados a mejorar los indicadores de
ODM, elaborar nuevos y presupuestar los recursos necesarios
para llevar adelante las iniciativas.
• Adaptación local de las Metas del Milenio.
• Análisis de tendencias e identificación
de brechas para la reformulación de políticas.
5. Fortalecimiento de los sistemas
de gestión de políticas públicas:
• Identificación de
áreas prioritarias dentro de cada experiencia para
reestructurar intervenciones.
• Desarrollo de estrategias de intervención pública
para alcanzar los objetivos, que garanticen: un pleno uso
de capacidades institucionales, la sostenibilidad de las acciones,
la coordinación entre las diferentes jurisdicciones
y la focalización de los recursos.
6. Diseño y fortalecimiento
de ámbitos participativos de evaluación y monitoreo:
• Promoción del desarrollo
de ámbitos de monitoreo y evaluación del impacto
de las políticas con mecanismos de participación
comunitaria y de organizaciones de la sociedad civil.
Este listado no debe ser interpretado como una “lista
de mercado”, sino como una guía del curso a seguir
para avanzar en la planificación de las políticas
con legitimidad social, la implementación de los planes
y programas, instrumentación de las medidas de ajuste
y correctivas, así como la evaluación de las
mismas.
4. La experiencia del PNUD en
Argentina
El Programa de las Naciones Unidas para el Desarrollo avanzó
en Argentina en diversas direcciones. Por un lado, se actúa
con el Gobierno Nacional, en el marco del Consejo Nacional
de Políticas Sociales, para el seguimiento y monitoreo
de los ODM, que arrancó con la adaptación de
los mismos a las necesidades nacionales, inclusive con la
incorporación de indicadores de trabajo decente en
los mismos, lo cual es una verdadera innovación respecto
a otros países tanto en la definición de metas
como en la búsqueda de la equidad. Se han realizado
ya dos informes (2003 y 2005) con una actualización
al año 2006.
Argentina se fijó metas realmente exigentes lo cual
evidencia un compromiso con el desarrollo humano, a pesar
del deterioro que muchas de ellas sufrieron en la crisis.
Aunque no incorporados a la planificación de las políticas
concretas, o sea que no hay una estrategia puntual para cada
uno de los ODM, integran el conjunto de las áreas de
intervención que asumió la actual administración.
Asimismo, se avanza en la localización de los ODM en
los niveles provinciales y municipales. Provincias como Mendoza,
Tucumán, San Juan o La Rioja definieron metas conforme
a las necesidades y aspiraciones locales, así como
Rosario de Santa Fe, La Plata o Morón en el conurbano
bonaerense, con un aporte central de organizaciones de la
sociedad civil.
Mendoza y Tucumán realizaron verdaderos inventarios
sobre la forma en las que las intervenciones públicas,
nacionales o provinciales, avanzan en el mejoramiento de los
indicadores de ODM, al mismo tiempo que se realizan diseños
de relevamientos tendientes a mejorar la captación
de la información, que por lo general tiene un sesgo
hacia las grandes capitales provinciales.
En los ámbitos municipales se evidencia un firme progreso
en enriquecer el enfoque tradicional con uno de “derechos
humanos”, donde se consideran básicamente la
distribución del poder en la sociedad, desde el análisis
de las capacidades básicas para interrumpir el proceso
de reproducción intertemporal de la pobreza. La focalización
en los principios de los derechos humanos, entendidos como
responsabilidad, igualdad y no discriminación, participación
y el derecho a la información constituyen los pilares
sobre los que se asienta este enfoque como herramienta para
el diseño de nuevas y más eficientes intervenciones
públicas.
De a poco, superada la crisis que vivió Argentina,
son más las provincias y municipios que toman conciencia
de que es fundamental intervenir sobre fenómenos más
estructurales de la problemática social, por lo que
no cualquier tipo de intervención es el apropiado.
Cada vez más se impone un enfoque de políticas,
planes y programas, focalizados entre los que lo necesitan,
pero con la integralidad imprescindible para promover el desarrollo
humano en su concepción más amplia y comprensiva.
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