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Eventos
"Las posibilidades de una economía
social inclusiva y equitativa"
Conferencia desarrollada en la 29a Feria del Libro.
(versión completa)
El
título de la conferencia de hoy es bastante ambicioso,
Las posibilidades de una economía social inclusiva
y equitativa. Lo primero que nos sugiere es una mirada
esperanzadora porque significa la posibilidad de que esto
sea una realidad, aunque sabemos que es muy difícil.
En segundo lugar, nos sugiere que la economía de por
sí no garantiza la condición de inclusión
y equidad. Por esta razón, hemos invitado a los expositores
para pensar cómo hacer para garantizar estas dos condiciones
que consideramos son sumamente importantes.
Eduardo Amadeo:
Quisiera empezar con una primera etapa de diagnóstico.
Mi hipótesis fundamental es que el proceso de empobrecimiento
en la Argentina es especialmente complejo porque es la suma
de cinco situaciones concurrentes. No es un proceso de empobrecimiento
instantáneo porque aumentaron los precios o simplemente
porque hubo desempleo. Yo lo caracterizo como un proceso de
cinco pobrezas que se han ido acumulando en el tiempo en los
últimos años. El primero es el proceso de exclusión
por cambio tecnológico que se da entre el año
90 y el 95, donde a raíz de la incorporación
masiva de tecnología de punta se produce la expulsión
y la exclusión del mercado de trabajo de personas con
menor productividad relativa. Estas personas quedan excluidas,
pueden entrar luego al mercado de trabajo pero con menor salario
o van al mercado informal.
El segundo es un proceso que se da entre el año 95
y el 2000 donde hay una baja sistemática del salario
para aquellos trabajadores que tienen menor competitividad,
menor capital humano, y que como consecuencia van quedando
poco a poco excluidos de los niveles salariales promedio de
la economía.
Por lo tanto, la primera expulsa y la segunda va bajando el
nivel salarial.
El tercero es el proceso de recesión. Desde el año
98 hasta el año 2002 la economía no crece y
por lo tanto esto lleva al cierre de unidades productivas
y va dejando personas fuera del mercado de trabajo.
El cuarto proceso es el corralito que produce
un shock de pobreza instantáneo para buena parte de
las personas que estaban en el mercado informal. Al mismo
tiempo significa un golpe muy duro a los sectores medios que
se ven privados de sus ingresos y de las rentas de sus inversiones.
Finalmente el proceso de inflación que produce un aumento
del nivel de precios. Estos cinco procesos conjuntos son de
una enorme densidad y de una enorme complejidad. Por lo tanto,
no pueden ser explicados como los procesos habituales de empobrecimiento
donde hay una sola variable que es necesaria contemplar, sino
que se trata de un proceso transversal que ha afectado a sectores
pobres y medios, que ha degradado la calidad laboral y ha
generado una demanda sobre el presupuesto público que
éste no está en modo alguno, en condiciones
de solventar. Esto es, la cantidad de dinero por pobre (para
ponerlo de alguna manera) ha caído porque el presupuesto
público se ha degradado y la demanda ha aumentado.
Este es un proceso extremadamente denso, complejo y profundo
que no admite soluciones mágicas. No se resuelve por
el lado de las políticas sociales, se resuelve fundamentalmente
por el eje del trabajo. Si la Argentina no consigue encontrar
una solución en términos de crecimiento sostenido
y estable este proceso va a ser muy difícil de revertir.
Marco el tema del proceso estable porque si hay
una lección que nos dejaron los 90 es que no se puede
hacer política económica sin herramientas porque
cuando esto sucede los ciclos económicos se disparan
y las principales víctimas de los ciclos económicos
son los más pobres. Hace falta un crecimiento sostenido
y estable. No creo que podamos superar la actual situación
de empobrecimiento y de empleo con un crecimiento menor al
4 % sostenido en el tiempo. Este es el gran desafío
para los próximos años. No habrá crecimiento,
además de un buen diseño macroeconómico,
si no existe un funcionamiento institucional que permita recuperar
la confianza en las reglas de juego, en el valor de los contratos
y en el funcionamiento del sistema económico, por parte
de los actores económicos. Cuando me refiero a los
actores económicos hago referencia a los grandes inversores
y las personas que toman decisiones económicas todos
los días.
En segundo lugar, quiero mencionar que no se trata de cualquier
proceso de crecimiento. La Argentina ha experimentado varias
etapas, procesos diferentes y muchos de ellos han tenido un
costo enorme como el que acabo de marcar. Llegó el
momento de que la Argentina efectivamente diseñe estratégicamente
su futuro. La Argentina tiene que hacer un esfuerzo para pensarse
a sí misma y en términos industriales de producción,
para valorizar las cadenas de valor en términos de
sustentabilidad, generación de empleo y capacidad competitiva.
Esto no es un proceso librado a las vocaciones especulativas
de corto plazo. Hay que hacer un serio esfuerzo de pensamiento
estratégico, en todo caso, a partir de la crisis. Uno
de los elementos básicos de la salida de la situación
que tenemos como título de esta conferencia tiene que
ver con cómo hacemos para absorber el empleo de menor
productividad. Esto es, cómo hacemos para volver a
poner en el mercado a aquellas personas que tienen una productividad
relativa baja, que son informales, que están fuera
del mercado y que no pueden entrar en un sistema más
competitivo. La experiencia mundial demuestra que, en esto,
el sistema de pequeñas y medianas empresas tiene un
valor fundamental. Alguien tiene que pensar estratégicamente
cómo absorber a las que están excluidos del
sistema por baja productividad y esto es una decisión
en la que el Estado tiene mucho que decir. Esto implica decisiones
institucionales. En la Argentina han fracasado sistemáticamente
los modelos de ataque sobre el problema de las pequeñas
y medianas empresas por inestabilidad institucional, por politización
y por mal diseño de los programas. Hoy en día
no tenemos un sistema que permita canalizar adecuadamente
el crédito para las pequeñas y medianas empresas.
Incorporación de tecnología. Esto es, empleo
en las pequeñas y medianas empresas es igual a aumento
de la capacidad competitiva, igual a aumento de la capacidad
tecnológica. Por otra parte, hay que reformar el sistema
de incentivos fiscales. No puede haber competitividad y capacidad
de crecimiento en las PYMES con el actual nivel de presión
fiscal. Sobre este tema voy a hablar a continuación.
La Argentina no puede definir un sistema de políticas
sociales capaz de dar una respuesta mínima a las demandas
existentes actualmente en la sociedad si no desarrolla una
reforma fiscal que aumente la recaudación, que cambie
el modelo actual que es regresivo y complejo de administrar.
Estamos recaudando un porcentaje cada vez menor del Producto
Bruto. Este problema que tiene la Argentina es el problema
en general de América Latina. No se pueden hacer políticas
para estos niveles de exclusión y de pobreza con la
actual situación fiscal. Por lo tanto, la decisión
más progresista que puede tomar el próximo gobierno
es hacer una reforma fiscal que termine con la evasión,
que aumente los niveles de recaudación. De esta manera
también vamos a ayudar a las PYMES para que tengan
mayor competitividad.
Yendo concretamente al tema de los programas sociales, vamos
a tener que mantener el modelo Jefes y Jefas de Hogar por
largo tiempo mientras lo que estoy proponiendo comience a
generar una incorporación al mercado de trabajo de
los sectores hoy día excluidos. El sistema de Jefes
y Jefas de Hogar no es perfecto. Hay muchas críticas
desde el punto de vista del funcionamiento económico,
de los incentivos para blanquearse en el mercado de trabajo,
de la perfección del sistema en términos de
su focalización, pero lo que está claro es que
la diferencia es la frontera entre la desesperación
y la no desesperación. La posibilidad que tienen las
personas de tener un pedazo de pan y poder salir a buscar
trabajo pasa por este tipo de programas universales que van
a tener que mantenerse y eventualmente ampliarse y perfeccionarse
pero es imposible hacerlo con la actual situación fiscal
de la Argentina. Hace falta una reforma fiscal acompañada
de un modelo de reformas de los programas sociales.
Finalmente, una economía sustentable, equitativa y
con capacidad de crecimiento en el mediano plazo no puede
estar basada en la situación educativa actual de la
Argentina. Esto es tal vez uno de los desafíos políticos
y sociales más fuertes que tenemos por delante. Si
no conseguimos transformar el sistema de relaciones de poder
al interior del sistema educativo, donde no sea básicamente
las preocupaciones sindicales y el sistema corporativo lo
que prime sino la importancia del valor de la opinión
de los padres, de los resultados objetivos del sistema, poder
medir, poder elegir, poder tener un sistema que tenga una
buena combinación de incentivos para la inclusión,
esto es becas, etc., pero cortados por criterios de calidad,
no vamos a poder salir de este pozo. Si la Argentina no consigue
revertir el actual nivel de decadencia en los resultados educativos
todo lo demás no sirve porque la degradación
del capital humano es de tal profundidad que se está
acabando el semillero del cual han salido todos los ingenieros
que hacen funcionar la economía. Además de esto,
el resultado en términos del funcionamiento de la dinámica
familiar y de la dinámica comunitaria es terrible.
Para esto se necesita mucha voluntad, mucha valentía
porque esto es un conflicto político mayor que los
argentinos no hemos podido resolver. Seguiremos invirtiendo
dinero en el sistema educativo sin exigirle al sistema educativo
contrapartidas. Es el único sindicato que pelea por
un aumento salarial sin contrapartida de calidad. Este es
un problema mayor que está en el fondo de la posibilidad
de encontrar una economía sustentable y más
equitativa.
Eduardo Amadeo es el Presidente de Observatorio Social y de
la Asociación Argentina de Políticas Sociales.
Actualmente es el Embajador Argentino en los Estados Unidos,
ha ocupado distintos cargos públicos, entre los cuales
es importante destacar el de Secretario de Desarrollo Social
y Secretario de Prevención y Asistencia de las Adicciones
de la Provincia de Buenos Aires. El año último
estuvo ocupándose de la Vicejefatura del Gabinete de
Ministros de la Nación, durante la cual impulsó
un grupo de trabajo sobre políticas públicas
para nuevas formas de organización económica
y social surgidas o potenciadas a raíz de la crisis.
Bernardo Kosacoff: Lo
único que podemos hacer son un par de reflexiones porque
respuestas sencillas y soluciones mágicas no existen.
Estamos ante un problema notablemente complejo. Ustedes conocen
a la perfección la dramática situación
del mercado de trabajo en la Argentina. Esto no se soluciona
con una sola medida ni se soluciona en el corto plazo. Esto
tiene que ser el tema principal de la agenda de la política
económica y de la política social del país
por muchos años. Sin duda este es un tema nuevo. Antes
había problemas pero no de la magnitud de los de ahora.
Si uno recuerda los años 60 o 70 la tasa de desocupación
de la economía era de 4/5 % y en realidad todavía
era un período en el cual había muchos problemas
pero no en el mercado de trabajo. Inclusive, cuando el país
crecía, eran necesarios los inmigrantes de los países
vecinos para generar puestos de trabajo de baja productividad
para mantener el nivel de actividad. La percepción
de un padre en esos años era que su hijo iba a vivir
mejor que él. Eso era algo importante. ¿Cómo
era el mecanismo? Era relativamente sencillo. Había
un sistema educativo formal, público, que relativamente
funcionaba. Cuanto más alto nivel de calificación
tenía la persona, más altas eran las posibilidades
de conseguir un trabajo formal en los sectores de más
alta productividad. En ese momento eran las empresas formales
del sector industrial, un sector que tenía sus dificultades
pero que crecía y no solamente crecía sino que
lo hacía de una forma diferente a como creció
en los 90; crecía generando empleo. La industria, entre
los años 60 y mediados de los 70, generaba un 2% de
empleo adicional todos los años. Era un empleo formal
con buenas remuneraciones. La tasa de crecimiento de la población
era de un 1,3 % con lo cual era menor a la tasa de crecimiento
del empleo.
En los años 90 ocurre algo totalmente diferente. La
creación de empleo está cercana al 1,8% cuando
la tasa de crecimiento de la población es de 1,3%.
Se genera un fenómeno muy particular. Hay un cambio
muy profundo en nuestra estructura productiva que tiene muchas
luces y sombras. Una de las sombras es la incapacidad de generar
modelos de organización de la producción que
aprovechen plenamente los recursos humanos, que es una de
las condiciones básicas para la estabilidad económica.
En este sentido, es fundamental ver qué somos ahora
y hacia dónde podemos ir. La solución del problema
del empleo va a llevar muchos años, va a ser un proceso
muy lento y vamos a tener que convivir muchos años
con políticas sociales que, ojalá estén
evaluadas de la mejor forma posible para que se asignen de
la mejor manera los recursos. Claramente también hay
que tender a cambiar nuestro patrón de especialización.
Algunos datos para saber un poco qué es lo que pasó
en los 90 y cuál es el punto de partida que ha tenido
el cambio de régimen económico, básicamente
cómo llegamos al ocaso de la convertibilidad, cómo
se está transitando ahora y cómo lo que existe
ahora es simplemente un refugio y no es cuestión de
que pase el tiempo para que se solucionen las cosas sino que
son necesarias un conjunto de políticas públicas
y de las acciones del sector privado como para encontrar un
nuevo sendero de crecimiento sustentable asociado a la creación
de empleo.
¿Qué podemos decir de los 90? Los 90 fueron
años en los que la Argentina logró tener un
ingreso per cápita en torno de los 9000 dólares.
Con esto se pensaba que estábamos cerca de los países
europeos y que después eso se iba a derramar en términos
de darle condiciones de bienestar al conjunto de la población.
Visto desde ahora, nos damos cuenta de que había un
poco de ficción, esos 9000 dólares los manteníamos
independientemente de la mala distribución, los manteníamos
porque nos endeudábamos, porque se vendieron empresas
públicas y porque se vendieron alrededor de 1000 empresas
privadas, en un proceso de fusiones y adquisiciones que fue
cercano a los 70.000 millones de dólares y que significó
un brutal crecimiento de la participación del capital
extranjero en la Argentina.
En la Argentina hay un fuerte proceso de extranjerización
pero hemos puesto algunas reglas de juego en donde no necesariamente
la participación de estas empresas nos está
dando aquellas cosas que necesitamos para crecer en forma
sustentable. Esto es, crear condiciones de generar valor,
producir e innovar en Argentina, etc. Este nivel de ingresos
no se pudo mantener. No supimos hacer el ajuste y tuvimos
un sobre ajuste, financiado por los más débiles.
La principal cuestión negativa de la década
del 90 es el fenómeno de concentración, de proceso
regresivo en la distribución del ingreso, de exclusión,
de destrucción del mercado de trabajo etc. Pero los
procesos económicos y sociales son contradictorios.
No a todos les fue mal y a algunos de los que les fue bien
inclusive ahora son semillas que se pueden aprovechar para
salir adelante. En ese clima terrible de apertura, de shock,
de inexistencia del mercado de capitales y de financiamiento
de las actividades productivas, y de falta de instituciones
para transitar de una economía cerrada a una economía
abierta, se generaron condiciones en las que había
un exceso de competencia. Algunas personas respondieron porque
tenían una base previa muy importante y lograron generar
las mejores formas de organización de la producción
llegando a tener las mejores prácticas internacionales.
Así, en la Argentina de los 90 hubo por lo menos dos
sorpresas importantes en dos sectores. Primero, la Argentina
volvió a dinamizar su capacidad de producir recursos
naturales, esto era algo que lo habíamos conocido hasta
la década del 30 donde con altas productividades de
la tierra pampeana nos habíamos especializado con los
granos y las carnes. Desde el 30 hasta los 80 todos los recursos
naturales de la Argentina estaban estancados. Lo que se genera
en los 90 es una notable capacidad de dinamizarlos nuevamente
y de ser los mejores productores del mundo y no solamente
con la revolución de la soja y el mundo agrícola
sino con toda la reestructuración en el área
energética, en minería, forestal, pesca, etc.
En esas áreas Argentina generó las mejores producciones
del mundo y este es un fenómeno que no se ha agotado,
que tiene una fuerte capacidad de seguir expandiéndose.
Simultáneamente, también hay otras empresas
que en los 80 habían invertido fuerte y la Argentina
tiene las mejores plantas del mundo en insumos básicos,
esto es, aluminio, cemento, refinerías de petróleo,
etc. Igual que en los recursos naturales, el gran drama es
que estas actividades no están encadenadas y no tienen
entramados productivos. Tampoco tienen los avances con los
tejidos de pequeñas y medianas empresas y los servicios
técnicos de apoyo de la producción para hacer
bienes más diferenciados. Así, nos terminamos
especializando en la exportación vendiendo bienes naturales
e insumos básicos. Ahí tenemos un efecto negativo
en cuanto tiene muy poco derrame en términos del empleo.
Hubo algunos ejemplos que nos demostraban que la sociedad
argentina daba para más y con esos recursos hicimos
cosas un poco más importantes, pero son anécdotas,
cuando las sumamos no pesan. ¿Qué pasó
con el resto? Con el resto perdimos gran parte del capital
social. Muchas empresas que cerraron, unas condiciones en
las cuales en la Argentina no se crearon empresas, que es
el elemento más negativo de los años 90. ¿Cómo
hizo la gente para sobrevivir? Aprovechando la apertura y
dándose cuenta de que en realidad sus problemas eran
los costos. ¿Cómo podían reducir los
costos? Dejando de producir y pasando a ensamblar. Esto es,
incorporando masivamente materias primas, partes, componentes
etc., y en lugar de manufacturalos, ensamblarlos. De esa forma
se reemplazaba trabajo al interior de las plantas y se reemplazaban
proveedores domésticos por proveedores importados.
Así, se reducían los costos y se podía
mantener alguna posición en el mercado. Las empresas
también se dieron cuenta de que además de tener
sus fábricas tenían sus redes de comercialización
y los productos importados eran traídos por las propias
empresas que tenían márgenes de ganancia, comercializando
ellas mismas los productos importados. De esta forma: produciendo
un poco, ensamblando mucho y comercializando productos importados,
las empresas sobrevivieron. Cuando se suman esos elementos
aparecen los problemas. El primero en el mercado de trabajo.
En el plano tecnológico aparece un fenómeno
muy claro en donde la apariencia de las cosas es totalmente
distinta de la esencia. La apariencia es que las empresas
producen productos modernos. Antes eran productos viejos pero
se hacían básicamente en el mercado local. Ahora
se llega a un producto moderno pero se lo hace ensamblando.
De los 1400 proveedores que había antes, hay un 30/40%
que hoy son eficientes y hay otros 200 que viven en el mercado
de la reposición. Tenemos muy buenos productos pero
el desafío de una sociedad es generar modelos de organización
de la producción en donde se desarrollen capacidades
tecnológicas endógenas y se tenga capacidad
de competir a partir de marca, de diferenciación, etc.
La Argentina tiene una espectacular dotación de recursos
naturales y puede seguir expandiéndolos. Sigue teniendo
muy buenos recursos humanos, a pesar de los problemas y los
deterioros que hubo en la calificación en los últimos
años. Sigue teniendo capacidad empresarial. Se dice
que no hay empresas en la Argentina. La realidad es que en
la Argentina hay gente que sabe cómo desarrollar actividad
productiva en un contexto de alta incertidumbre y de muy mala
calidad institucional. El país también cuenta
con buena infraestructura, que insólitamente la consiguió
en uno de los procesos más perversos que hubo en la
economía argentina y que fue el proceso de las privatizaciones.
Hoy la Argentina en términos de comunicaciones, de
energía, de puertos, etc, tiene una infraestructura
totalmente diferente de la que tenía antes. Ahora hay
un desafío de cómo plantear nuevas reglas de
juego y poder aprovechar eso en términos de un nuevo
modelo productivo. Nuestro país cuenta con uno de los
elementos más importantes para avanzar en un mejor
patrón de especialización; cuenta con capacidad
de innovación, capacidad de creación. No existe
en toda América Latina un área de localización
más sofisticada como la que existe en las estructuras
urbanas de la Argentina. En pocos países de desarrollo
intermedio existe gente que tenga esta capacidad de producir
bienes con diferenciación, con calidad, con diseño.
Este es un elemento fundamental. Uno de los falsos dilemas
que hay que romper es la idea de que la nueva incorporación
tecnológica necesariamente tiene que estar asociada
con la expulsión de mano de obra. La incorporación
tecnológica debe estar asociada a la construcción
de nuevos modelos productivos, en donde aprovechemos las materias
primas, los insumos básicos, los recursos humanos y
la infraestructura con la que contamos. La Argentina no va
a ser competitiva por los salarios bajos. Tiene que ser competitiva
por la calidad de la mano de obra y para eso hay que desarrollar
todo el entramado de las pequeñas y medianas empresas,
hay que apoyar los servicios técnicos de apoyo a la
producción, hay que generar condiciones para producir
con especialización y recomponer todo el entramado
productivo. Para esto hacen falta políticas que generen
externalidades, políticas públicas que estén
bien evaluadas. Hace falta un mínimo de gobernabilidad,
de recomposición de los contratos, de respeto de las
condiciones de una república moderna que todavía
nos falta mucho para construir.
Bernardo Kosacoff es actualmente el Director de la oficina
en Buenos Aires de la CEPAL y Presidente del Instituto Desarrollo
Económico y Social (IDES). Se desempeñó
con anterioridad en instituciones de gobierno, organismos
internacionales y universidades extranjeras, como: Ministerio
de Economía, Banco Interamericano de Desarrollo (BID),
Banco Mundial, Instituto Alemán de Desarrollo, Fundación
Volkswagen y St. .Anthony's College, Oxford. Es docente y
ha publicado varios libros y artículos.
Roberto José
Bouzas: Voy a comentar básicamente
tres puntos vinculados a la integración regional. El
primer comentario que quiero hacer es con respecto al tema
de la desigualdad. El fenómeno de la desigualdad y
de la pobreza es un fenómeno nuevo en Argentina pero
no es un fenómeno para nada nuevo en la región.
En América Latina este es un fenómeno histórico.
Si uno mira otras regiones del mundo como Europa del Este,
el sur de Asia, o los países de Medio Oriente, desde
la década del 70 la única región que
no mejoró un indicador de desigualdad como el coeficiente
de Gini, es América Latina. Todas las demás
han disminuido la desigualdad. América Latina la ha
mantenido prácticamente igual.
El segundo comentario se vincula con la realidad más
inmediata de la región. Esta incluye también
las mayores desigualdades de América Latina. Si uno
divide los cuatro países del MERCOSUR, encuentra que
la diferencia entre la región con el producto per cápita
más bajo y la región con el producto per cápita
más alto es de 1 a 5. Esa es la relación que
hay entre la Patagonia, que es la región con el producto
más alto, y el nordeste de Brasil y Paraguay, que son
las regiones con el producto más bajo. Si, en cambio,
uno toma las tres regiones más ricas y las tres más
pobres, la relación es de casi 1 a 4. Si se miran otros
indicadores de desequilibrio regional se observa básicamente
el mismo panorama. Tres regiones: la región Pampeana,
el sudeste de Brasil y el sur el sur de Brasil son responsables
por casi _ partes del total del comercio dentro de la región.
Al mirar estos indicadores de naturaleza estructural surge
la pregunta acerca de las políticas que se han hecho
en el plano regional. La realidad es que no se ha hecho ninguna
política en el plano regional y soy muy escéptico
con respecto a la posibilidad de que se pueda llegar a hacer
alguna.
Esencialmente hay dos tipos de asimetrías que interesan
desde el punto de vista de la gestión de un proceso
de integración. Por un lado, las asimetrías
de política, es decir, los patrones distintos de intervención
en la economía a través del efecto sobre la
asignación de recursos, sobre los derrames macroeconómicos.
Por otro lado, las asimetrías de tipo estructural.
El MERCOSUR no tiene nada en materia de coordinación
o disminución de las asimetrías estructurales.
Pero lo que es peor, tampoco hemos conseguido tener instrumentos
eficaces para armonizar asimetrías de política,
que son un paso previo para un proceso gradual de constitución
de un mercado integrado. En ese contexto no tengo una visión
muy optimista respecto a lo que la región o la integración
en la región puede ofrecer porque básicamente
creo que los desafíos siguen estando dentro de cada
uno de los países y que lo que la región puede
ofrecer es un ámbito en donde se puedan construir políticas
que estimulen el crecimiento de una manera más orgánica,
más sustentable y más viable. Tampoco es tanto
lo que se puede hacer por el lado de la vinculación
con el resto del mundo en materia de mejorar la equidad. El
desafío es esencialmente de una naturaleza interna.
En tercer lugar, quería comentar el tema de la globalización
y la equidad. Hay toda una discusión sobre cuál
es el papel del fenómeno de la globalización,
de la integración de la economía mundial, sobre
la equidad. Hicimos un trabajo de revisión de la literatura
sobre este debate en América Latina en la década
del 90. Hay tres cosas de ese trabajo que me interesan destacar.
Lo primero es que hay que hacer una distinción absolutamente
esencial entre cuánto del fenómeno de integración
en la economía mundial o regional es mercado y cuánto
es política. El fenómeno de la globalización
es simultáneamente un proceso de mercado y un proceso
conducido por la política. Estas dos esferas frecuentemente
aparecen confundidas. Una se utiliza para justificar a la
otra. Esto no representa adecuadamente la realidad y es una
base para la formulación de opciones estratégicas
equivocadas.
Otra pregunta central es cuál es el papel de las instituciones
y de las políticas domésticas en el proceso
de intermediar el vínculo entre globalización
y equidad. Este es un tema central. Se puede observar que
en los últimos diez años en América Latina
el mismo fenómeno de integración en la economía
mundial produjo resultados muy diferentes. Hubieron respuestas
de política muy distintas. Esas respuestas de política,
esas respuestas institucionales, generaron impactos diferentes.
El tercer punto que surge claramente de esta revisión
es que no hay ninguna duda de que el fenómeno de integración
en la economía mundial reduce el abanico de políticas
disponibles, reduce la opción dentro de la cual se
pueden escoger políticas alternativas. Sin embargo,
cuando uno mira con detenimiento la experiencia internacional,
queda muy claro que, si bien el rango se reduce, sigue habiendo
trade-off y algunos países tienen más trade-off
que otros. Hay un juego de organización institucional
que contribuye a explicar porqué frente a un fenómeno
que unifica, hay capacidad de dar respuestas diferentes.
Roberto Bouzas es investigador del Conicet y es actualmente
el Director Académico de la Maestría de Relaciones
Internacionales que tiene la Universidad del San Andrés
junto con FLACSO y la Universidad de Barcelona. Es docente
y ha publicado libros y artículos sobre temas de política
internacional y sobre el MERCOSUR.Ronda de preguntas
Sara Caputo:
Tengo una pregunta para Bernardo Kosacoff. Mencionaste que
ha habido una dinamización en temas de forestación,
minería, pesca y demás. En varios países
de América Latina ha habido un redescubrimiento de
los recursos naturales no renovables, versus una mayor preocupación
por el tema ambiental. ¿Cómo ves esto? Incluso
en el último informe de la CEPAL hay una estadística
sobre el aumento de las exportaciones de las industrias sucias
en este proceso de aumento de las exportaciones industriales.
Bernardo Kosacoff:
Es muy claro que hoy para poder participar en el comercio
internacional hay que tener modelos de organización
de la producción que, entre otras cosas, sean sustentables
ambientalmente. Ya no es una cuestión de elección
nuestra. Hoy las regulaciones de la Organización Mundial
del Comercio son absolutamente contundentes. No vamos a tener
ningún acceso al mercado si no cumplimos con las normas
básicas en términos de criterios de sustentabilidad
ambiental. Los países desarrollados fueron los que
pudieron darse el lujo de crecer y desarrollar sus capacidades
destruyendo el ambiente y ahora no van a pagar por esta destrucción
y esa externalidad negativa que se ha hecho. Los nuevos países
que queremos hacer cosas ahora no nos podemos dar ese privilegio.
Creo que es bueno para la sociedad y obviamente una de las
condiciones para ser competitivo ahora es crear modelos en
los cuales uno pueda tener mejores condiciones de sustentabilidad
ambiental.
Este resurgimiento de los recursos naturales tiene una parte
que es importante pero tiene justamente el déficit
que nos diferencia de los países más desarrollados.
Lo que ellos hacen es aprovechar las materias primas para
hacer productos con mayor diferenciación. Esto genera
condiciones en las cuales el mercado internacional, además
de generar divisas, genera empleo. El problema de América
Latina es que no logra avanzar hacia los bienes más
diferenciados. Los países desarrollados nos permiten
exportar materias primas y nos ponen criterios ambientales
pero no nos permiten los accesos a los bienes con marcas y
con diferenciación. Ahí los niveles de protección
son mucho más altos. Por otra parte, existe una limitación
interna nuestra. Esto es, no generamos las instituciones adecuadas
para crear los mercados que nos faltan, confiamos fundamentalmente
en que los mercados van a dar la coordinación plena
cuando en realidad la tarea de las sociedades modernas es
crear las instituciones adecuadas para crear los mercados
adecuados. No damos las condiciones para generar este entramado
de relaciones de pequeñas y medianas empresas, de instituciones,
de servicios técnicos que nos permitan ser una sociedad
más sofisticada y que básicamente generen, no
solamente aumentos de productividad y de la producción
sino también aumentos de empleo. Este es el desafío
que tenemos por delante. Para eso son necesarias estrategias
de país, la participación privada y fundamentalmente
fuertes políticas públicas que den externalidades
y generen el clima para desarrollar estos nuevos modelos de
organización de la producción.
Aldo Neri:
En el supuesto de un marco de crecimiento razonable, ¿ustedes
perciben una tensión entre las presiones de la recuperación
salarial y la mejoría de la situación del empleo?
Bernardo Kosacoff: Los
empresarios se quejaban porque tenían problemas de
costos y claramente durante muchos años tuvieron márgenes
negativos. El cambio de precios relativos en este año
les ha permitido mejorar notablemente los márgenes
pero al mismo tiempo siguen las incertidumbres, no se está
invirtiendo, ni generando empleo formal y tampoco se están
tomando decisiones estratégicas que les comprometan
el futuro. En este plano, en el mercado de trabajo existe
un desempleo y una presión que hace que los niveles
salariales estén en la situación que están
actualmente. Su recomposición va a llevar mucho tiempo
pero también va a tener que estar asociado al momento
en el cual haya un clima de crecimiento sustentable y en realidad
haya desarrollo y creación de nuevas empresas, de nuevos
proyectos.
La Argentina no es sustentable con este nivel de salarios
ni con este nivel de desocupación. La solución
tiene que ver con que cambie definitivamente el clima de negocios,
se aproveche mejor el potencial que tenemos y haya reglas
de juego en donde vayamos hacia una mayor formalidad en el
mercado de trabajo, una mayor productividad.
Jorge Carpio: ¿En
cuánto la posibilidad del acuerdo del ALCA puede atentar
contra la posibilidad de implementar este otro modelo del
que estamos hablando acá?
Roberto José Bouzas:
Creo que el ALCA es una virtualidad
y lo va a seguir siendo. El ALCA va a ser una sumatoria de
negociaciones bilaterales. Estados Unidos en la práctica,
ya definió cuál es su estrategia. Hay un proceso
formal que involucra a 34 países y hay una serie de
procesos reales que son las negociaciones bilaterales que
Estados Unidos tuvo con varios países, como por ejemplo,
México y Chile, y que va a seguir teniendo con otros
más. El ALCA va a ser eso.
Desde el punto de vista de la Argentina, la pregunta relevante
es cómo nos relacionamos con este fenómeno de
bilateralización de las negociaciones hemisféricas.
El ALCA como ejercicio colectivo es un ejercicio bastante
vacío de contenido. Por lo tanto, es fundamental qué
tipo de coaliciones desarrollamos. También es fundamental
reconocer que hemos perdido el tiempo. Eso tiene un precio.
Las opciones que uno toma, en el tiempo tienen un costo.
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