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"Las posibilidades de una economía social inclusiva y equitativa"

Conferencia desarrollada en la 29a Feria del Libro.


(versión resumida)
El título de la conferencia de hoy es bastante ambicioso, “Las posibilidades de una economía social inclusiva y equitativa”. Lo primero que nos sugiere es una mirada esperanzadora porque significa la posibilidad de que esto sea una realidad, aunque sabemos que es muy difícil. En segundo lugar, nos sugiere que la economía de por sí no garantiza la condición de inclusión y equidad. Por esta razón, hemos invitado a los expositores para pensar cómo hacer para garantizar estas dos condiciones que consideramos son sumamente importantes.

Eduardo Amadeo: Quisiera empezar con una primera etapa de diagnóstico. Mi hipótesis fundamental es que el proceso de empobrecimiento en la Argentina es especialmente complejo porque es la suma de cinco situaciones concurrentes. La primera es el proceso de exclusión por cambio tecnológico que se da entre el año 90 y el 95, donde a raíz de la incorporación masiva de tecnología de punta se produce la expulsión y la exclusión del mercado de trabajo de personas con menor productividad relativa. Estas personas quedan excluidas, pueden entrar luego al mercado de trabajo pero con menor salario o van al mercado informal. El segundo es un proceso que se da entre el año 95 y el 2000 donde hay una baja sistemática del salario para aquellos trabajadores que tienen menor competitividad, menor capital humano, y que como consecuencia van quedando poco a poco excluidos de los niveles salariales promedio de la economía. Por lo tanto, la primera expulsa y la segunda va bajando el nivel salarial. El tercero es el proceso de recesión. Desde el año 98 hasta el año 2002 la economía no crece y por lo tanto esto lleva al cierre de unidades productivas y va dejando personas fuera del mercado de trabajo. El cuarto proceso es el “corralito” que produce un shock de pobreza instantáneo para buena parte de las personas que estaban en el mercado informal. Al mismo tiempo significa un golpe muy duro a los sectores medios que se ven privados de sus ingresos y de las rentas de sus inversiones. Finalmente el proceso de inflación que produce un aumento del nivel de precios.

Estos cinco procesos conjuntos son de una enorme densidad y de una enorme complejidad. Se trata de un proceso transversal que ha afectado a sectores pobres y medios, que ha degradado la calidad laboral y ha generado una demanda sobre el presupuesto público que éste no está en modo alguno, en condiciones de solventar. Este es un proceso extremadamente denso, complejo y profundo que no admite soluciones mágicas. No se resuelve por el lado de las políticas sociales, se resuelve fundamentalmente por el eje del trabajo. Si la Argentina no consigue encontrar una solución en términos de crecimiento sostenido y estable este proceso va a ser muy difícil de revertir. Marco el tema del proceso “estable” porque si hay una lección que nos dejaron los 90 es que no se puede hacer política económica sin herramientas porque cuando esto sucede los ciclos económicos se disparan y las principales víctimas de los ciclos económicos son los más pobres. Hace falta un crecimiento sostenido y estable. No creo que podamos superar la actual situación de empobrecimiento y de empleo con un crecimiento menor al 4 % sostenido en el tiempo. Este es el gran desafío para los próximos años. No habrá crecimiento, además de un buen diseño macroeconómico, si no existe un funcionamiento institucional que permita recuperar la confianza en las reglas de juego, en el valor de los contratos y en el funcionamiento del sistema económico, por parte de los actores económicos.

En segundo lugar, quiero mencionar que no se trata de cualquier proceso de crecimiento. Llegó el momento de que la Argentina efectivamente diseñe estratégicamente su futuro. La Argentina tiene que hacer un esfuerzo para pensarse a sí misma y en términos industriales de producción, para valorizar las cadenas de valor en términos de sustentabilidad, generación de empleo y capacidad competitiva. Uno de los elementos básicos de la salida de la situación que tenemos como título de esta conferencia tiene que ver con cómo hacemos para absorber el empleo de menor productividad. Esto es, cómo hacemos para volver a poner en el mercado a aquellas personas que tienen una productividad relativa baja, que son informales, que están fuera del mercado y que no pueden entrar en un sistema más competitivo. La experiencia mundial demuestra que, en esto, el sistema de pequeñas y medianas empresas tiene un valor fundamental. Alguien tiene que pensar estratégicamente cómo absorber a las que están excluidos del sistema por baja productividad y esto es una decisión en la que el Estado tiene mucho que decir. Esto implica decisiones institucionales. En la Argentina han fracasado sistemáticamente los modelos de ataque sobre el problema de las pequeñas y medianas empresas por inestabilidad institucional, por politización y por mal diseño de los programas. Hoy en día no tenemos un sistema que permita canalizar adecuadamente el crédito para las pequeñas y medianas empresas. Incorporación de tecnología. Esto es, empleo en las pequeñas y medianas empresas es igual a aumento de la capacidad competitiva, igual a aumento de la capacidad tecnológica. Por otra parte, hay que reformar el sistema de incentivos fiscales. No puede haber competitividad y capacidad de crecimiento en las PYMES con el actual nivel de presión fiscal. Sobre este tema voy a hablar a continuación.

La Argentina no puede definir un sistema de políticas sociales capaz de dar una respuesta mínima a las demandas existentes actualmente en la sociedad si no desarrolla una reforma fiscal que aumente la recaudación, que cambie el modelo actual que es regresivo y complejo de administrar. No se pueden hacer políticas para estos niveles de exclusión y de pobreza con la actual situación fiscal. Hace falta una reforma fiscal acompañada de un modelo de reformas de los programas sociales.
Finalmente, una economía sustentable, equitativa y con capacidad de crecimiento en el mediano plazo no puede estar basada en la situación educativa actual de la Argentina. Esto es tal vez uno de los desafíos políticos y sociales más fuertes que tenemos por delante. Este es un problema mayor que está en el fondo de la posibilidad de encontrar una economía sustentable y más equitativa.

Bernardo Kosacoff: Estamos ante un problema notablemente complejo. Ustedes conocen a la perfección la dramática situación del mercado de trabajo en la Argentina. Esto no se soluciona con una sola medida ni se soluciona en el corto plazo. Esto tiene que ser el tema principal de la agenda de la política económica y de la política social del país por muchos años. Sin duda este es un tema nuevo. Antes había problemas pero no de la magnitud de los de ahora.

En los años 90 la creación de empleo está cercana al 1,8% cuando la tasa de crecimiento de la población es de 1,3%. Se genera un fenómeno muy particular. Hay un cambio muy profundo en nuestra estructura productiva que tiene muchas luces y sombras. Una de las sombras es la incapacidad de generar modelos de organización de la producción que aprovechen plenamente los recursos humanos, que es una de las condiciones básicas para la estabilidad económica. En este sentido, es fundamental ver qué somos ahora y hacia dónde podemos ir. La solución del problema del empleo va a llevar muchos años, va a ser un proceso muy lento y vamos a tener que convivir muchos años con políticas sociales que, ojalá estén evaluadas de la mejor forma posible para que se asignen de la mejor manera los recursos. Claramente también hay que tender a cambiar nuestro patrón de especialización.

Veremos algunos datos para saber un poco qué es lo que pasó en los 90 y cuál es el punto de partida que ha tenido el cambio de régimen económico, básicamente cómo llegamos al ocaso de la convertibilidad, cómo se está transitando ahora y cómo lo que existe ahora es simplemente un refugio y no es cuestión de que pase el tiempo para que se solucionen las cosas sino que son necesarias un conjunto de políticas públicas y de las acciones del sector privado como para encontrar un nuevo sendero de crecimiento sustentable asociado a la creación de empleo.

La principal cuestión negativa de la década del 90 es el fenómeno de concentración, de proceso regresivo en la distribución del ingreso, de exclusión, de destrucción del mercado de trabajo etc. Pero los procesos económicos y sociales son contradictorios. No a todos les fue mal y a algunos de los que les fue bien inclusive ahora son semillas que se pueden aprovechar para salir adelante. Algunas personas respondieron porque tenían una base previa muy importante y lograron generar las mejores formas de organización de la producción llegando a tener las mejores prácticas internacionales. Así, en la Argentina de los 90 hubo por lo menos dos sorpresas importantes en dos sectores. Primero, la Argentina volvió a dinamizar su capacidad de producir recursos naturales. Lo que se genera en los 90 es una notable capacidad de dinamizarlos nuevamente y de ser los mejores productores del mundo y no solamente con la revolución de la soja y el mundo agrícola sino con toda la reestructuración en el área energética, en minería, forestal, pesca, etc.

La Argentina tiene una espectacular dotación de recursos naturales y puede seguir expandiéndolos. Sigue teniendo muy buenos recursos humanos, a pesar de los problemas y los deterioros que hubo en la calificación en los últimos años. Sigue teniendo capacidad empresarial. Se dice que no hay empresas en la Argentina. La realidad es que en la Argentina hay gente que sabe cómo desarrollar actividad productiva en un contexto de alta incertidumbre y de muy mala calidad institucional. El país también cuenta con buena infraestructura, que insólitamente la consiguió en uno de los procesos más perversos que hubo en la economía argentina y que fue el proceso de las privatizaciones. Ahora hay un desafío de cómo plantear nuevas reglas de juego y poder aprovechar eso en términos de un nuevo modelo productivo. Nuestro país cuenta con uno de los elementos más importantes para avanzar en un mejor patrón de especialización; cuenta con capacidad de innovación, capacidad de creación. En pocos países de desarrollo intermedio existe gente que tenga esta capacidad de producir bienes con diferenciación, con calidad, con diseño. Este es un elemento fundamental. Uno de los falsos dilemas que hay que romper es la idea de que la nueva incorporación tecnológica necesariamente tiene que estar asociada con la expulsión de mano de obra. La incorporación tecnológica debe estar asociada a la construcción de nuevos modelos productivos, en donde aprovechemos las materias primas, los insumos básicos, los recursos humanos y la infraestructura con la que contamos. La Argentina no va a ser competitiva por los salarios bajos. Tiene que ser competitiva por la calidad de la mano de obra y para eso hay que desarrollar todo el entramado de las pequeñas y medianas empresas, hay que apoyar los servicios técnicos de apoyo a la producción, hay que generar condiciones para producir con especialización y recomponer todo el entramado productivo. Para esto hacen falta políticas que generen externalidades, políticas públicas que estén bien evaluadas. Hace falta un mínimo de gobernabilidad, de recomposición de los contratos, de respeto de las condiciones de una república moderna que todavía nos falta mucho para construir.

Roberto José Bouzas: Voy a comentar básicamente tres puntos vinculados a la integración regional. El primer comentario que quiero hacer es con respecto al tema de la desigualdad. El fenómeno de la desigualdad y de la pobreza es un fenómeno nuevo en Argentina pero no es un fenómeno para nada nuevo en la región. En América Latina este es un fenómeno histórico. Si uno mira otras regiones del mundo como Europa del Este, el sur de Asia, o los países de Medio Oriente, desde la década del 70 la única región que no mejoró un indicador de desigualdad como el coeficiente de Gini, es América Latina. Todas las demás han disminuido la desigualdad. América Latina la ha mantenido prácticamente igual.

El segundo comentario se vincula con la realidad más inmediata de la región. Esta incluye también las mayores desigualdades de América Latina. Si uno divide los cuatro países del MERCOSUR, encuentra que la diferencia entre la región con el producto per cápita más bajo y la región con el producto per cápita más alto es de 1 a 5. Esa es la relación que hay entre la Patagonia, que es la región con el producto más alto, y el nordeste de Brasil y Paraguay, que son las regiones con el producto más bajo. Si, en cambio, uno toma las tres regiones más ricas y las tres más pobres, la relación es de casi 1 a 4. Si se miran otros indicadores de desequilibrio regional se observa básicamente el mismo panorama.

Al mirar estos indicadores de naturaleza estructural surge la pregunta acerca de las políticas que se han hecho en el plano regional. La realidad es que no se ha hecho ninguna política en el plano regional y soy muy escéptico con respecto a la posibilidad de que se pueda llegar a hacer alguna.

Esencialmente hay dos tipos de asimetrías que interesan desde el punto de vista de la gestión de un proceso de integración. Por un lado, las asimetrías de política, es decir, los patrones distintos de intervención en la economía a través del efecto sobre la asignación de recursos, sobre los derrames macroeconómicos. Por otro lado, las asimetrías de tipo estructural. El MERCOSUR no tiene nada en materia de coordinación o disminución de las asimetrías estructurales. Pero lo que es peor, tampoco hemos conseguido tener instrumentos eficaces para armonizar asimetrías de política, que son un paso previo para un proceso gradual de constitución de un mercado integrado. En ese contexto no tengo una visión muy optimista respecto a lo que la región o la integración en la región puede ofrecer porque básicamente creo que los desafíos siguen estando dentro de cada uno de los países y que lo que la región puede ofrecer es un ámbito en donde se puedan construir políticas que estimulen el crecimiento de una manera más orgánica, más sustentable y más viable. Tampoco es tanto lo que se puede hacer por el lado de la vinculación con el resto del mundo en materia de mejorar la equidad. El desafío es esencialmente de una naturaleza interna.

En tercer lugar, quería comentar el tema de la globalización y la equidad. Hay toda una discusión sobre cuál es el papel del fenómeno de la globalización, de la integración de la economía mundial, sobre la equidad. Hicimos un trabajo de revisión de la literatura sobre este debate en América Latina en la década del 90. Hay tres cosas de ese trabajo que me interesan destacar. Lo primero es que Hay que hacer una distinción absolutamente esencial entre cuánto del fenómeno de integración en la economía mundial o regional es mercado y cuánto es política. El fenómeno de la globalización es simultáneamente un proceso de mercado y un proceso conducido por la política. Estas dos esferas frecuentemente aparecen confundidas. Una se utiliza para justificar a la otra. Esto no representa adecuadamente la realidad y es una base para la formulación de opciones estratégicas equivocadas.

Otra pregunta central es cuál es el papel de las instituciones y de las políticas domésticas en el proceso de intermediar el vínculo entre globalización y equidad. Este es un tema central. Se puede observar que en los últimos diez años en América Latina el mismo fenómeno de integración en la economía mundial produjo resultados muy diferentes. Hubieron respuestas de política muy distintas. Esas respuestas de política, esas respuestas institucionales, generaron impactos diferentes.

El tercer punto que surge claramente de esta revisión es que no hay ninguna duda de que el fenómeno de integración en la economía mundial reduce el abanico de políticas disponibles, reduce la opción dentro de la cual se pueden escoger políticas alternativas. Sin embargo, cuando uno mira con detenimiento la experiencia internacional, queda muy claro que, si bien el rango se reduce, sigue habiendo trade-off y algunos países tienen más trade-off que otros. Hay un juego de organización institucional que contribuye a explicar porqué frente a un fenómeno que unifica, hay capacidad de dar respuestas diferentes.