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Organizaciones
Comunitarias
Políticas Sociales
y Legislación
En el marco de la consulta
realizada por el Dr. Antonio Cafiero, presidente de la Comisión
de Población y Desarrollo Humano del Senado de la Nación,
hemos organizado un desayuno de trabajo para debatir sobre
políticas sociales y legislación.
La presentación de la
problemática será planteada brevemente por tres
miembros de la Comisión Directiva de la AAPS. Ma. del
Carmen Feijoo, comentará la problemática en
torno a la coordinación de las políticas sociales.
Irene Novacovsky, que también pertenece a Observatorio
Social, se referirá a las alternativas que se están
discutiendo en el marco de la propuesta del ingreso ciudadano.
Sandra Cesilini, aportará una referencia a las distintas
modalidades de tratar el endeudamiento externo para financiar
programas sociales, ya sea en Argentina, en los niveles Nacional
/ Provincial, como en otros países de América
Latina.
Maria del Carmen Feijoo:
¿Porqué nos planteamos este problema? Por el
escenario de fragmentación, dispersión, sobre
posición de programas existentes en las áreas
sociales, históricamente y reforzado en el marco de
la emergencia.
Ejercicio de pensar el tema superando la lógica de
los Ministerios: hoy tenemos líneas de programas que
responden más a los efectores que a los usuarios, consolidada
así históricamente, y generando fuentes de superposición
entre ellos.
Para pensar el tema de políticas sociales y legislación
enfrentamos cuatro problemas de fondo:
1) Definir qué derechos tutelan o atienden las políticas
sociales. (El que)
2) Que cobertura tienen estas políticas. (A quiénes)
3) Que programas atienden a estas poblaciones. (Como son)
4) Quien los atiende. (Efectores)
Deberíamos llegar a un trade off perfecto entre rigidez
para definir los derechos y flexibilidad para su atención,
satisfacción, aplicación vía el diseño
de programas. También creo que hemos avanzado al revés,
rigidez en los programas y flexibilidad o poca claridad en
la atención de los derechos, el surgimiento de nuevos
derechos y nuevos sujetos sociales, la complejidad creciente
de la sociedad, la multiplicación de actores estatales
y societales.
Para responder al QUE estamos acostumbrados a pensar en términos
de sectores; salud, educación, previsión social,
con sus correlatos institucionales. A veces, se enfatiza más
la institución que el servicio que se garantiza.
Quisiera avanzar en un modelo distinto de derechos referidos
a esferas de sujetos, a ver si se puede.
En primer lugar pondría los derechos que abarcan a
toda la población referidos a la condición de
ciudadanía: identidad, participación, no discriminación,
derechos políticos, ambiente sano.
En segundo lugar pondría los referidos a la participación
en el mercado de trabajo: jubilación, seguro de desempleo,
prestaciones médicas ligadas al puesto de trabajo,
jefes y jefas.
En tercer lugar pondría los referidos al hábitat
y la residencia: derecho al ambiente sano, a la vivienda,
con sus programas Propasa; FONAVI; PROMEBA, Pro Huerta?, Pro
INDER?
En cuarto lugar pondría los referidos a la posición
social de los sujetos, básicamente el acceso a la distribución
del ingreso, constituyendo sujetos pobres o no pobres.
En quinto lugar, pero de manera transversal, pondría
los referidos a la etapa del ciclo de vida y el género,
incluyendo familia, atención a la niñez, a la
ancianidad, etc. Programas como el PROMIN, Ley de Salud Reproductiva,
Consejo del Menor y la Familia, etc.
Mi segunda pregunta, A QUIENES PROTEGEN O TUTELAN estos derechos
surge de la característica del derecho. Los primeros
protegen a todos, los segundos a algunos, los terceros a prácticamente
todos, los cuartos a algunos (el 60% de la población);
y los de quinto lugar a todos, cruzados con las características
anteriores. Por lo tanto, hay una definición implícita
de universalismo o particularismo, en diversas combinaciones,
cuánto de cada uno o cuánto de cada uno para
cada sector.
QUE y A QUIENES por otro lado, son mandatos emergentes de
la Constitución, que dice qué y a quién
hay que garantizar la condición de sujetos de derechos.
Así entramos al COMO ya que cuanto más universal
es el derecho, mayor el número de efectores que abarca,
y cuanto más particularista menor y más direccionado.
Por ejemplo, el derecho a la salud es preservado por un número
importante de actores pero la atención del HIV es una
combinación muy restringida de servicios de salud y
ONGs de apoyo. Con esto estoy sugiriendo una combinación
de la máxima cobertura universal posible para todos,
con particularidades de atención para algunos grupos
objetivo en relación con distintos derechos.
Ahora, estos derechos particulares son derechos en si mismos
o derivación de derechos generales, por ejemplo, en
el caso del SIDA el de la no discriminación y el acceso
a la salud? Esta pregunta es importante porque incide en la
forma de satisfacerlos, desarrollando instituciones y programas
ad-hoc o en el marco de la atención de otros derechos
/ servicios.
El particularismo social creciente me parece que se direcciona
hacia la segunda vía, y en ese abordaje se anclan mucho
del desarrollo institucional que se expresa en la proliferación
de programas.
Por otro lado, el COMO de los derechos / servicios determina
quién los satisface en el marco de restricciones institucionales
fuertemente pautadas, como por ejemplo, la responsabilidad
de las provincias en la educación primaria, según
la formula constitucional. QUIEN lo hace termina más
dependiendo del tipo de programa que de la necesidad / derecho
a ser satisfecha.
El tema se conecta estrechamente con las dificultades de coordinación
vertical de los programas y servicios, ligado con el régimen
federal y la distribución de competencias entre los
niveles jurisdiccionales. La satisfacción de las necesidades
básicas, poco claro a la percepción de los sujetos
de derechos. Multiplicidad de efectores sobre un mismo territorio,
a quien le corresponde arreglar la calle o la avenida depende
del carácter de la ruta (nacional, provincial, municipal).
Graficaría esto con varios círculos sobrepuestos,
que cubrirían los derechos, debiendo delimitarse la
extensión de cada uno de ellos y su condensación
en algunos principios básicos referidos a cada número.
Y dejaría abierto el diseño de los programas
dirigidos a la satisfacción de esos principios.
Con respecto a los problemas; en este enfoque el derecho de
inclusión social sería de ciudadanía?
Pero combinado con el de distribución del ingreso?
O sería ligado con la exclusión del mercado
de trabajo? Incluiría como en el proyecto de Cafiero
la cobertura a mujeres embarazadas en situación de
desamparo? O esta cobertura debería venir por el lado
de protección al ciclo de vida como dice
el BID, junto con la de los mayores no cubiertos por el lado
previsional?
Deberíamos avanzar por el contrario hacia una ley marco
de protección social o de justicia social o de inclusión
social, y dejar para la operatoria de los programas las formas
específicas de su cumplimiento?
Irene Novacovsky:
Todo este enorme desafío que tenemos planteado hoy
se inicia por la demanda del Senador Cafiero para que acerquemos
propuestas sobre los temas que nosotros consideremos importantes
y que tengan que ver con las necesidades de legislación
en el campo de lo social.
Específicamente, hay una ley presentada por el Senador
Cafiero que tiene la aprobación por el Senado y que
lamentablemente está paralizada hace bastante tiempo
en la Cámara de Diputados. Más allá de
la posibilidad de discutir, ampliar, rever algunos aspectos
de esta ley, creo que hubo una serie de antecedentes pero
que nunca habían logrado la aprobación del conjunto
del Senado.
Yo me voy a centrar específicamente en el análisis
de esta ley. El cuerpo central de ella tiene que ver con el
Programa de Jefas y Jefes de Hogar.
Antonio Cafiero:
El Programa de Jefas y Jefes de Hogar nació con un
decreto del Poder Ejecutivo y fue concebido como una medida
de emergencia. Nosotros analizamos el tema en el Senado y
pensamos que había que dar un paso más allá,
es decir, están dadas las condiciones para que esto
se transforme en un derecho permanente, el derecho de inclusión
social para dotar de realidad a los criterios de ciudadanía
que, teóricamente, me han guiado. Hay una ciudadanía
jurídico política, que es la ciudadanía
del siglo XIX, del Estado de Derecho. Hay una ciudadanía
social y un tercer tipo de ciudadanía que tiene las
mismas características de esa ciudadanía política,
fraudulenta, fragmentada del siglo XIX; es la ciudadanía
económica. Hoy los ciudadanos tienen ciudadanía
política, ciudadanía social pero no tienen ciudadanía
económica. La ciudadanía económica es
el derecho de participar como oferente y demandante de bienes
en el mercado. Hoy el mercado está confinado a un grupo
minoritario de la sociedad argentina. El Plan Jefas y Jefes
de Hogar es un ensayo de introducir al mercado a una buena
cantidad de argentinos que de otra manera no podrían
estar en él. Con $150 no es mucho lo que se puede hacer
pero es un comienzo de aceptar la ciudadanía económica.
El día que eso se pueda extender al conjunto de la
población, va a tener el mismo valor o la misma significación
que tiene hoy el voto.
Yo he pensado que también hay una cuarta ciudadanía,
que es la ciudadanía de los valores. El día
que los ciudadanos compartamos también una visión
universal de valores y adoptemos esa cuarta ciudadanía
que supera lo político, lo económico y lo social,
tendremos el nuevo hombre. El nuevo hombre nace de esa cuarta
ciudadanía.
Irene Novacovsky:
El Senador Cafiero expuso con claridad gran parte de los fundamentos
que yo iba a dar respecto de la necesidad de un ingreso garantizado.
De todas maneras, quisiera hacer algunas reflexiones. Esto
es todo un desafío en el sentido de que no somos especialistas
en el tema de legislación. Disiento en algunos casos
con Ma. del Carmen Feijoo y acuerdo con Sandra Cesilini en
que la legislación debe ser bien específica.
Debe tener, por supuesto, un equilibrio. Un equilibrio entre
dar forma a lo que la sociedad ya generó y los paradigmas.
Creo en la necesidad de instrumentos y que se legisle sobre
instrumentos específicos y concretos es central. Por
supuesto que debe haber un equilibrio entre esta generalidad
y la especificidad. Hay que avanzar primero hacia la definición
de un nuevo sistema institucional institucional de políticas
sociales. Hoy tenemos una serie de avances muy importantes
desde el punto de vista de estrategias de intervención.
El Programa Jefas y Jefes es un salto cualitativo, más
allá de todas las críticas que se le puedan
hacer. Está sentando las bases para crear algún
mecanismo de redistribución de ingresos, más
allá de la inserción o no en el mercado de trabajo
.
Sobre esto hay que legislar e institucionalizar lo que hoy
es una estrategia de intervención, lo que hoy es un
programa. Esto debe pasar a formar parte del sistema de seguridad
social. ¿Cómo puede pasar a formar parte de
este sistema? Esto es materia de discusión. Hubo una
serie de iniciativas más o menos avanzadas pero yo
quiero volver a señalar que, en definitiva, lo que
se esta planteando y sobre lo que se está legislando,
no es acerca de un subsidio sino acerca de un derecho, de
una nueva relación social. Hay una distorsión
muy grande con el tema del asistencialismo. En este caso al
Plan Jefas y Jefes o a cualquier otro tipo de ingreso garantizado,
se lo sigue considerando como asistencialismo y no se termina
de entender que hay un cambio absoluto de concepción
ya que es un derecho ciudadano. Esto no entra dentro del campo
del asistencialismo si realmente se lo logra institucionalizar.
Si sigue siendo un programa, con un fuerte contenido clientelístico,
discrecional, etc, entonces sí lo podremos seguir llamando
asistencialismo. Si esto se transforma en un derecho independiente,
en un mecanismo independiente, automático, permanente,
como son por ejemplo, las asignaciones familiares, esto va
a dejar de ser visto o percibido como asistencialista.
Hay que reflexionar acerca del tema de la legitimidad y la
generación de consenso. Tengo la sensación de
que como está planteado hoy es un programa muy fácil
de bajar del presupuesto, de destruir, porque obviamente detrás
de la existencia o no de este programa hay una fuerte puja
redistributiva. Si uno mira los montos de este programa y
mira los montos recaudados por las retenciones agropecuarias,
son iguales. Obviamente el sector agroexportador no quiere
que le sigan cobrando impuestos para, como manifiestan: subsidiar
vagos.
El programa, como está hoy planteado, da excusas para
esto. Es difícil defenderlo. Los propios beneficiarios
del programa no lo defienden. Tiene niveles de rechazo de
por encima del 40% entre los propios beneficiarios. Las organizaciones
de base tienen niveles similares de rechazo al programa. Las
razones del rechazo son muy diferentes. Por supuesto que las
organizaciones de clase media y los sectores de clase media
lo rechazan porque piensan que es mucho mejor que los fondos
vayan directamente a las organizaciones para desarrollar tarea
social que a los beneficiarios. Aquí también
hay pujas de poder. Las organizaciones de base y los propios
beneficiarios lo rechazan por otras razones: porque es bajo
el monto del beneficio, ha homogeneizado erróneamente
un beneficio sin considerar las particularidades de los hogares,
(cantidad de hijos, flias ampliadas etc) entre otras razones.
Evidentemente existe una necesidad de reformar los criterios
sobre los cuales fue diseñado este programa y de institucionalizar
el mecanismo. Por otra parte, hay una mala utilización
del término universal. Hoy no es un programa
universal: es un programa destinado a desocupados con familia
que no tienen ingresos. Es un programa absolutamente focalizado.
Hoy es necesario todavía mantener políticas
focalizadas. Por un tema de recursos no es posible universalizar
un ingreso ciudadano. Hay que tender hacia la universalización
de un ingreso ciudadano a través de distintos mecanismos,
esto es, concentrando fondos sociales, articulando las asignaciones
familiares y con los beneficios impositivos, como por ejemplo,
la desgravación de ganancias por hijo.
Volviendo al tema de la legitimidad, me parece muy importante,
por un tema de legitimidad y de derechos, que este sea un
subsidio que se oriente a los niños y no exclusivamente
a los jefes de familia. Creo que va a tener mayor legitimidad
si se orienta hacia los niños. Hoy arrastra una serie
de problemas desde el diseño básico; ¿qué
quiere decir un jefe de hogar desocupado? Esto hace que permanentemente
haya transgresiones acerca de esta definición que da
el programa de los beneficiarios, que no es nada clara. Esto
produce un efecto perverso y alimenta el rechazo por el programa.
Respecto al tema de las contraprestaciones, creo que hay que
desligarlo absolutamente del programa. El tipo de contraprestación
laboral no tiene que ver con la idea de un ingreso garantizado.
Estas son otras cuestiones, otros programas, muy importantes,
la necesidad de generar otros instrumentos que tengan que
ver con el desarrollo de microemprendimientos y el fomento
de todo lo que sea economía social que no tiene porqué
estar atado a un ingreso garantizado.
Por otro lado, hay que darle una importancia fundamental a
la idea de establecer un contrato con las familias, de deberes
y derechos. Esto tiene que ver con la obligación a
la asistencia escolar hasta los 18 años y el control
de la salud de los chicos y embarazadas. Esto sí se
debe mantener del programa y ocurre que hoy no se le da ninguna
importancia. No se le da importancia porque este programa
está en el Ministerio de Trabajo y el Ministerio considera
que no debe ocuparse de este tipo de cuestiones.
Por otro lado, es un tema central que un ingreso de este tipo
es un piso, solo un piso que no va a resolver los problemas
de desigualdad ni los de pobreza y que obviamente es necesario
a su vez, entre otros, una fuerte inversión en los
sistemas de salud y de educación y la generación
de empleo de calidad.
Este conjunto de elementos Ingreso mínimo garantizado,
mejora de la accesibilidad y calidad de escuelas y hospitales
lo que realmente va a poder garantizar niveles de integración
social más importantes Quisiera volver a un tema. Cuando
nosotros estamos pensando el tema de legislación estamos
pensando un modelo de sociedad y en función de eso,
la definición es una definición política
sobre lo social, no de política social. Creo que acá
hay en ese sentido algunos temas sobre los cuales se requiere
generar consenso y generar políticas de Estado y de
alguna forma ponerse de acuerdo en la identificación
de cuáles son los problemas centrales. Si hoy hay un
acuerdo generalizado en que el tema de la desigualdad es uno
de los problemas centrales, estos pueden ser alguno de los
mecanismos que empiecen a revertir la situación.
María del Carmen Feijoo:
Quiero decir algo rápidamente respecto de los comentarios
que hizo Irene. Algunos de los temas que señala tienen
que ver con la racionalidad de los programas. El programa
fue un programa de emergencia, fue un programa para constituir
un dique a una situación de enorme amenaza social,
tiene problemas de diseño, de conceptualización.
Ya cumplió su rol, mejoró un poco la distribución
del ingreso en el último decil. No la empeoró,
lo cual ya es extraordinario porque implicó revertir
una tendencia histórica. Pero para ser muy sintética,
creo que nos pone sobre la mesa algunos de los problemas que
yo plantee, la incomodidad o la tensión en el diseño
del Plan Jefas y Jefes de Hogar es que no se sabe exactamente
bien qué es. Está en Trabajo, atiende una situación
de condición de actividad. Todos sabemos que en realidad
no atiende una situación de condición de actividad
y este es el tipo de cosas al que yo me refería en
mi presentación, pensando un escenario que no tuviera
ningún grado de restricción. Si en realidad
lo que el programa hace es dar un paso en dirección
hacia el Ingreso Ciudadano, entonces hay que rediseñarlo.
Antonio Cafiero:
Evidentemente el Plan Jefas y Jefes de Hogar desafina. Mi
pretensión es venir a buscar acá a los afinadores.
Hace poco me nombraron Presidente de la Comisión de
Población y Desarrollo Humano. Necesito el apoyo de
los profesionales. Esto no lo podemos resolver nosotros desde
los escasos recursos que maneja la comisión. Vamos
a resolverlo si logramos conectar a nuestra actividad legislativa
universidades, institutos de investigación y demás.
Si a todos ellos de alguna manera los logramos convocar es
posible que podamos armar media docena de leyes que pongan
un poco más de orden, un poco más de claridad
y que puedan innovar tal vez en una forma que el propio Poder
Ejecutivo tal vez no está en condiciones de hacer.
Sergio Ilari:
Con respecto al debate acerca de si legislar con ley marco
o muy específica; ¿de qué manera podemos
garantizar que se cumplan? En realidad, creo que de ninguna
manera podemos garantizar que se cumplan en un ámbito
donde no se cumplen las leyes. En un ámbito donde no
se respeta lo que se legisla en la ejecución, creo
que la pregunta no es cómo legislar sino de qué
manera buscar mecanismos para que lo que se legisla, se cumpla.
Esto lo vemos también cuando en los programas sociales
aparece el rol del Estado Nacional como auditor. Hay una ficción
de que el Estado Nacional controla, monitorea, y la provincia
ejecuta. Si no hay premios y castigos, si no hay normas que
traten de regular esa relación, con la Constitución
que tenemos ya es suficiente.
María Inés Vollmer:
Estoy altamente gratificada de que en algún ámbito
se discutan estos temas. Comparto la idea, por mi experiencia
legislativa, de que las comisiones específicas no son
comisiones donde se hagan debates a fondo de los temas porque
requieren especialistas en el tema que aporten algo más
que el deseo del legislador de presentar una ley. Soy de la
idea de que los programas deben ser esa herramienta flexible
para dar atención a lo que la política social
defina como prioritario para ser atendido por el Poder Ejecutivo.
Soy presidente de la Comisión de Desarrollo Social
en la Provincia de Mendoza y tengo una enorme amargura porque
no percibo en mis colegas legisladores esta formación
más de conocimiento. Hay una falta de debate calificado
instalado por los temas. Me pareció muy atinado el
planteo de María del Carmen Feijoo de hacer primero
todo un trabajo sobre derechos y ver qué de esos derechos
se sustenta en programas. Lo que Antonio Cafiero ha dicho
sobre esto de tomar el programa de Jefas y Jefes como un programa
de ciudadanía económica, es un avance conceptual
muy interesante ya que considero que dejaríamos de
analizar un programa para plantear un derecho al cual se puede
abordar desde diferentes estrategias políticas. Mientras
mejor apostemos a qué derecho vamos a priorizar, más
claramente serán las acciones y entonces la política
social va a tener un marco normativo que le permita trabajar
más ordenadamente.
Aldo Neri:
Para vincular con lo que planteaba Maria del Carmen Feijoo
sobre derechos particulares y derechos universales que a su
vez, son sujetos diferentes, instrumentaciones diferentes
y hasta instituciones diferentes, se debería terminar
de desprender los derechos universales del derecho laboral.
Por otro lado, los más universales (y esto tiene que
ver con el funcionamiento del Estado) de carácter nacional.
La jurisdicción nacional responsable del ejercicio
de esos derechos universales. En tanto que aquello más
particular, incluso aquello que exige una mayor inmediatez,
una mayor proximidad, una mayor vinculación con la
gente real. Esto más realizable, más gestionable
por las provincias o por los municipios. Ahí entra
entonces el tema de los ingresos básicos, ingresos
de ciudadanía o como los queramos llamar. Para nosotros
en nuestra realidad Argentina, tenemos dos contingentes claros;
los niños y las personas mayores. Lo que hagamos en
materia de asignación familiar y de reforma previsional
define toda una concepción de los derechos universales
con este carácter.
Lo tengo muy sentido al tema porque hemos estado trabajando
en un proyecto de ley que seguramente se va a presentar en
las próximas semanas que viene de reemplazo del régimen
de asignaciones familiares mediante una universalización
de la asignación al niño, no al padre ni a la
madre, avanzando progresivamente a lo largo de varios años
hasta una cobertura que universalice. Esto implica un rediseño
de la programación social, por ejemplo; que buena parte
de los recursos que hoy van al Plan Jefas y Jefes deberían
de ser asignados en cabeza de niños. Este es un paso
importante, pero como toda reforma a la seguridad social,
porque esto es introducir una concepción más
universalista de la seguridad social, en ese sentido también
aparece como indispensable una instrumentación distinta.
No se puede discutir reforma de la seguridad social si no
se discute en paralelo reforma impositiva.
Viviana Fridman:
Tanto en el caso del proyecto de ley de Cafiero como de lo
que acaba de indicar Aldo Neri la respuesta más importante
debe ser poder nosotros apoyar técnicamente las iniciativas
de estas leyes para que efectivamente no sean sólo
un marco legal sino que puedan ser bajadas a tierra y ser
ejecutadas.
Voy a hacer un comentario desde otro sector. La Convención
de los Derechos del Niño fue asumida por la Constitución
Nacional y francamente no ha sido reglamentada. Sin embargo,
no consideramos que sea necesario por ser parte del cuerpo
de la Constitución Nacional y no debería ser
necesario porque es una ley superior de la Nación que
prevalece sobre todo el resto. Sin embargo, se requiere porque
los jueces no dan cuenta de ello.
Esto lo menciono porque creo que al final del día todo
lo que tenga que ver con la política pública
se manifiesta y se expresa dado por un marco legal que es
absolutamente necesario en el caso de una política
de ingreso ciudadano pero visto como derecho. Creo que la
clave es por dónde entramos. Debe entrarse desde los
derechos, desde los derechos fundamentales del ser humano
que luego se traducen en derecho de ciudadanía.
Desde los que trabajamos con los derechos del niño
nos resulta sumamente fácil entrar desde los derechos
de la infancia porque son muy claros en la Convención.
Sin embargo, creo que esta institucionalidad requiere algo
como este avance que fue dado por el Plan Jefas y Jefes. Hay
que dotarlo a esto de las herramientas necesarias, y la herramienta
fundamental pasa por el presupuesto de la Nación. Finalmente
toda discusión que se haga sobre si se cumplen o no
los derechos fundamentales, se leen en la asignación
presupuestaria. El Ejecutivo se manifiesta, se expresa, en
términos de sus prioridades y del cumplimiento de los
marcos legislativos a través de otra ley que es la
ley de presupuesto. Esa también debería ser
discutida en cuanto a su contenido básico, a qué
es lo que significa cada uno de sus rubros. Es imposible para
un ciudadano entender cómo se cumplen sus derechos
leyendo el presupuesto de la Nación y su ejecución
posterior. Esto debiera poder ser traducido.
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